Crónica desde el dorsal: Behobia – San Sebastián

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Este fin de semana se celebró una de las pruebas más bonitas y antiguas de España y, probablemente, la más emblemática: la Behobia-San Sebastián. Una edición especial, la número 50, que registró más de un récord, entre ellos el total de inscritos y el de presencia de mujeres. El tiempo respetó a los participantes y, otra vez, el público se volcó en una carrera que estrenaba circuito, retornando al trazado original de 1919.

Una de las carreras españolas con más parecidos con el Tour de Francia. Sí, el Tour. Es la Behobia-San Sebastián. Una fiesta del deporte cada vez más multitudinaria, donde los participantes son tratados como estrellas y que tiene su mayor activo en la grandeza del público, que año tras año sale a la calle en masa a animar. “Ya lo verás, es una carrera con un ambiente único, llena hasta los topes de público”. Claro, uno se hace una idea hasta que decide ir a Gipuzkoa a comprobarlo.

Un año que coincidía con la celebración de la 50º edición de la prueba. Medio siglo de historia, de una carrera que durante 35 años, en la época moderna, ha construido el movimiento del atletismo popular. La Behobia recuperaba el recorrido original que marcó la prueba entre 1919 y 1963, que deja la carretera dirección Lezo para atravesar Errenteria o Pasaia. Un circuito que sumaba 28 metros más de desnivel positivo, con tres altos importantes: Gaintxurizketa, Capuchinos y Miracruz. El primero de ellos, una piedra de toque. Más de un corredor se vio contra las cuerdas en este punto (kilómetro 5), en una subida larga por carretera. Ahí, el público fue decisivo para tirar adelante y no bajar el ritmo. Eso y los avituallamientos, perfectamente colocados cada 2,5 kilómetros.

Todo sufrimiento anterior se recuperaba en el ecuador de la prueba, al paso por Errenteria, con un ambiente espectacular y con calles donde se formaba hasta una triple fila de público. Una recuperación anímica idónea para afrontar las dos subidas restantes y para dejar algo de fuerza a la larga bajada hasta meta. La entrada a San Sebastián estaba protagonizada por un último kilómetro agónico y estelar, donde rodeados de público (con graderías y todo) los participantes corrían los últimos metros en una recta interminable. Un final de fiesta inmejorable, junto a La Concha, para una carrera obligada para todo buen aficionado al asfalto.

Muchas veces las carreras están en lo alto del ranking porque tienen uno o dos aspectos realmente buenos. La Behobia tiene la virtud de destacar en todo y rayar la perfección a nivel organizativo. Todo ello en una zona espléndida y con un pueblo vasco acogedor y agradecido. Una organización, Fortuna, que cuida con mimo del primer al último corredor para que, el domingo por la tarde, se diga a sí mismo: “El año que viene repito”.

Por lo que respecta a la élite, el canario José Carlos Hernández y la gallega Vanessa Veiga se llevaron la txapela, con 1h01:37 y 1h09:58, respectivamente. Hernández aprovechó el paso por Errenteria para fundir los plomos a sus rivales y llevarse la victoria con relativa comodidad.

Behobia – San Sebastián. No lo duden.

Foto: Jon Urbe, Argazki Press

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About Author

Mataró, 1992. Graduado en Periodismo por la UAB. Atleta popular o algo parecido. Amante de los deportes y de la política. Atletismo y triatlón en vena.