A todo triatleta le gusta entrenar y le cuesta guardar un día a la semana o cada cierto tiempo de descanso total, pero llega un período al final de la temporada, en el que el cuerpo necesita un descanso, una desconexión física de esa autodisciplina, de esa exigencia diaria a la hora de cumplir cada entrenamiento que tanto nos reporta

Existen varias alternativas para afrontar este período de descanso.

  • Realizar deportes alternativos: Lo más aconsejable es realizar deportes que no requieran excesivo nivel técnico por evitar este riesgo de lesión y a su vez no tomárnoslo demasiado en serio ya que no estamos preparados para ello.

Una buena opción sería hacer senderismo o retomar el gimnasio para que la vuelta a los entrenos sea lo menos dura posible e incluso hayamos ganado un mayor nivel técnico de ejecución con determinados ejercicios.

  • Reducir de manera progresiva los entrenamientos: este período debería durar dos o tres semanas a lo sumo, olvidándonos de la intensidad y de las series, para finalizar con una semana total de descanso de las tres disciplinas del triatlón.
  • Como tercera opción, plantearía no dejar de lado la natación, es el deporte menos lesivo de los tres y el más completo, y al ser un deporte tan técnico, dejar de practicarlo en un mes, nos haría perder esas sensaciones con el medio acuático que tanto nos ha costado lograr.

En mi caso, sigo entrenando a una intensidad menor, intentando aguantar un volumen alto, para ir reduciéndolo progresivamente, reforzando ciertos ejercicios que nos hagan mejorar la técnica de nado, eso sí, sin un reloj que me haga controlar esas series.

Hay triatletas que acaban la temporada pronto, durante los meses de junio y julio, y no saben cómo plantear ese período de descanso. En este caso, teniendo en cuenta un comienzo de temporada en septiembre u octubre, deberían no dejar de entrenar durante tan largo período, ya que dos o tres meses sin entrenar nos hará perder todos los estímulos que le hemos dado a nuestro cuerpo.

Un período de descanso, como comenté anteriormente, debería ser regresivo, ir bajando volumen poco a poco hasta llegar a una semana o dos de descanso total entre temporadas, si hemos hecho bien los deberes así debería ser, aunque a esto, habría que añadir el desgaste la última competición del año.

Si hablamos de un triatleta popular, éste debería descansar totalmente esos 14/20 días en primer lugar, añadiendo deportes alternativos, gimnasio o la natación mencionada durante el siguiente mes, para afrontar con menos esfuerzo e ilusión una nueva temporada de triatlón.

En el caso de un triatleta de élite, éste debería tener una o dos semanas de  desconexión total de las tres disciplinas, para posteriormente, ir ejercitando poco a poco la natación y la bici, cuyas disciplinas tienen menos impacto, retomando el gimnasio y empezando a correr en superficies blandas en esa tercera semana.

Todas estas alternativas son muy generalistas, donde cada triatleta debería tener un entrenamiento individualizado por un profesional especializado en este deporte, cuyos períodos de mayor o menor intensidad en los entrenamientos  y el descanso serán de vital importancia para guiar la vida del triatleta.

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