Publicidad

El calzado es nuestro punto de apoyo con el suelo, y que da para hablar a la vez de mejoras mágicas, como de lesiones muy severas. Descubrimos cuando ‘jubilar’ nuestro par de neumáticos para evitar este último caso.

Más de alguno de nuestros lectores podría llenar un armario lleno de las zapatillas que llega a gastar en unas pocas temporadas de triatlón.

Si bien es una anécdota curiosa, la mayoría de veces, desconocemos la verdadera vida útil de unas zapatillas de running, y tendemos a creer que estas tienen una duración infinita.

Nada más lejos de la realidad, hasta el par de rodadoras más amortiguadas y diseñadas para comerse grandes volúmenes kilómetros, pueden convertirse en una arma de doble filo si no las cambiamos por otro modelo cuando detectamos alguno de los signos que mencionaremos a continuación

Publicidad

[embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=EBGDZWEJKi8[/embedyt]

Las CLAVES

  • Daño en el upper: Roturas o costuras descosidas que pueden afectar al agarre de la zapatilla.
  • Desgaste de la suela: El desgaste del dibujo de la suela indica que debemos cambiar nuestro par, podríamos tener problemas de agarre y estabilidad. Si la suela presentase deformaciones no correlativas entre las dos zapatillas, también es momento del cambio.
  • Número de kilómetros: La mayoría de zapatillas de entrenamiento tiene una vida de entre 600 o 700 kilómetros, a no ser que tengas un par de Next%, donde la duración se queda reducida a menos de la mitad. Existen apps como Strava o Garmin Connect, entre otras, para delegar el conteo de kilómetros.
  • Feeling personal: Las sensaciones propias pueden ser la señal más efectiva para detectar si tus zapatillas tienen que pasar a ser objeto de museo. Dolores musculares o inflamación de tendones denotan el fin de tus fieles compañeras. Puedes comparar tu modelo con uno nuevo o examinar la mediasuela, para testar el desgaste y la sensación de reactividad que ofrecen, pasados unos kilómetros.
Publicidad