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Cuatro mujeres y cuatro carreras que narran a través del lado más competitivo y más social: los inicios, consolidación y la actualidad de la larga distancia femenina

Hace siete días (1 de marzo) Daniela Ryf hacía pública su decisión de retirarse a final de temporada. Con su marcha, el triatlón perderá a una de sus principales baluartes actuales y con su adiós, resurge el debate sobre quién es la mejor triatleta de la historia.

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Un asunto, donde establecer una comparativa objetiva entre deportista no coetáneas en una disciplina marcada por las innovaciones técnicas y tecnológicas y la proliferación del número de triatletas, pruebas y distancias a lo largo de los años es complejo.

No obstante, en una semana en la que este 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, en lugar de enfrentarlas, hacemos un recorrido acerca de cómo cuatro de ellas han enriquecido y elevado no solo el palmarés de su deporte sino el nivel del mismo. Y la elección de sus nombres no es arbitraria, corre a cargo de la Reina de Kona, Paula Newby-Fraser. La cuarta, su eterna rival, Erin Baker.

“QUEEN OF KONA”. LA PRIMERA GRAN FIGURA DEL TRIATLÓN FEMENINO DE LARGA DISTANCIA


Ironman no se entiende sin la figura de la nacida zimbabuense, criada sudafricana y hoy nacionalizada estadounidense. Su apodo no es aleatorio. Ningún hombre o mujer se ha colgado el Lei hawaiano tantas veces como Paula Newby-Fraser, ocho (1986, 1988, 1989, 1991, 1992, 1993, 1994). Seis tienen Mark Allen, Dave Scott y Natascha Badmann. Y únicamente, Allen con un répoker de victorias consecutivas (5), supera el trébol de cuatro de nuestra protagonista.

Su número de triunfos en Ironman, tampoco son asunto baladí. Nada más y nada menos que 24 en aproximadamente una treintena de carreras. Su dominio se extendió a Roth, Sudáfrica, Australia, Japón, Canadá, Francia o Lanzarote. En la isla de los Cien Volcanes se impuso hasta en tres ocasiones: 1994, 1995 y 1997.

No lo eran sus victorias, mucho menos sus marcas. Newby-Fraser fue la primera mujer en bajar de las 10 horas en Kona. Lo hizo en 9:49:14 en ese 1986 que la consagró. Sería la primera de las cuatro plusmarcas que firmaría en The Big Island. La más significativa, el 8:55:28 con el que en 1992 derribó los esquemas temporales femeninos preestablecidos en Hawái. Un registro que permanecería intacto durante 17 años, casi dos décadas, en las que, además, ninguna otra mujer fue capaz de romper allí la barrera de las 9 horas. Paula lo repetiría una vez más en Kona (1993) y otras dos en otros escenarios.

LA EXPANSIÓN INTERNACIONAL

Pero su huella ha trascendido a los números. La misma que comenzó al convertirse en 1986 en la primera vencedora del Campeonato del Mundo de Kona no nacida en Estados Unidos o Canadá. Y continuó con la expansión del Ironman femenino fuera de la frontera norteamericana o, mejor dicho, ya había comenzado, gracias a su rivalidad con la neozelandesa Erin Baker.

El enrocado choque entre Newby-Fraser y Baker tuvo todos los ingredientes necesarios para llevar a la categoría femenina a otro plano. El enfrentamiento entre dos atletas de dos continentes diferentes; una clara dominancia a favor de una de ellas pero que, a su vez y como quedó acreditado, podía ser realistamente vencida por la aspirante; una constante rebaja de las marcas y una inédita enemistad que sobrepasaba lo competitivo para cruzar lo personal.

ERIN BAKER, UN EXTRAÑO CASO


Probablemente, si se tuviera que definir a Erin Baker podría ser algo así como una extraordinaria atleta que fue tan villana como héroe.

En lo deportivo, Newby-Fraser aseguró que era “Una de las atletas más dotadas de este deporte o de cualquier otro”. También afirmó en Slowtwitch que la neozelandesa “entrenaba mucho más duro y con mucho más volumen. Pero yo creía en el éxito que finalmente tuve con mis entrenamientos”. A Baker, la gloria le llegó en Kona en 1987 (con récord, 9:35:25) y 1990. Dos campeonatos a los que sumó otros siete Ironmans, títulos en media distancia y el honor de ser la primera Campeona del Mundo de Triatlón organizado por la ITU en 1989. Para las estadísticas, un total de 104 victorias en 121 competiciones, un 86% de efectividad.

Una animal con un lado oscuro. Tremendamente descortés y con una percepción completamente deshumanizada de Newby-Fraser. O al menos, ese es el sentir de la Reina de Kona. El antagonismo de Baker tiene unas actitudes muy específicas. Según contó Paula, la oceánica trató de impedir que compitiera en Bahamas y también presionó a Ironman para que le denegara la participación. Detrás de ese comportamiento, la nacionalidad de la campeona (sudafricana en aquel entonces) y el compromiso político de Baker; su oposición absoluta al Apartheid. Tanto que en 1981 fue detenida por lanzar artefactos explosivos en una de las protestas, con la consiguiente prohibición de entrada a Estados Unidos y, por ende, su presencia en Kona en los años venideros. De regreso a su enfrentamiento personal, su error, en palabras de Newby-Fraser: nunca haberle preguntado su postura al respecto y considerar su presencia como un respaldo implícito al mismo.

UNA LUCHADORA POR LA IGUALDAD

Sin embargo, las grandes figuras no se erigen exclusivamente sobre blancos o negros, sino sobre grises. Su activismo destaca (casi) de la misma manera que su trayectoria. Sus ya mencionadas acciones contra la segregación racial no fueron las únicas en pos del beneficio de un colectivo. También lo hizo dentro de su propio deporte

Afortunadamente, ser un deporte casi imberbe le ha permitido al triatlón romper con muchas de las brechas de género existentes en otros más veteranos. Pero no por ello queda exento de ellas. Si bien, los Campeonatos del Mundo de Kona igualaron el montante económico desde el inicio, no hicieron lo mismo con regalos secundarios. Tales como los coches que ofrecía el patrocinador al ganador. Baker peleó por ello y logró la paridad. El establecimiento en 1989 por parte de la International Triathlon Union (ITU) de una igualdad salarial entre hombres y mujeres triatletas fue otra de sus batallas promovidas y ganadas de la neozelandesa. Y su ausencia en cualquier prueba sin dicha equiparación fue la norma en su libro de estilo.

CHRISSIE WELLINGTON, LA IMBATIBLE


Hacemos un salto de aproximadamente una década para encontrar a nuestra siguiente estrella, Chrissie Wellington. La mujer que con su 8:54:02 derrocó en 2009 el aparente perenne récord de Paula Newby-Fraser. La misma que ese mismo año con 8:31:59, primero hacía caer la plusmarca de Yvonne van Vlerken en Roth y de la distancia (8:45:49). Posteriormente, y durante dos ediciones consecutivas (2010, 2011) establecía nuevos récords del mundo Ironman (8:19:13 y el definitivo 8:18:13).

UNA EFICACIA INIGUALABLE

Llegar, ganar y destrozar registros. El modus operandi de Wellington desde que en 2007 dejase boca abiertos a propios y extraños al coronarse como campeona en Kona en su primera tentativa, apenas unos meses después de apostar por la larga distancia. Lo nunca visto. Así, hasta en 13 ocasiones, las mismas que participó en un Ironman entre ese 2007 y el 2012 de su retiro. Un lustro dorado. Además de las cuatro victorias en la Gran Isla y los 13 en total, otros siete triunfos en Ironman 70.3 o dos en el durísimo triatlón de larga distancia de Alpe D’Huez. O los récords de la franquicia Ironman en Sudáfrica (8:33:56 en 2011), en maratón en Kona (2:57:44 en 2008) y Roth (2:44:35 en 2011) o del segmento de bicicleta en la ciudad bávara (4:40:28).

UNA CAMPEONA SIN PUNTOS FLACOS

En 2010, la Reina de Kona la elogiaba así a una Wellington en su mejor momento. “Creo que Chrissie Wellington es probablemente la atleta de resistencia más talentosa que he visto. Me recuerda en muchos aspectos a Erin Baker: física y mentalmente fuerte. Tiene el don. Natascha Badmann tenía un don, especialmente en la bicicleta. Pero Chrissie en general tiene un don increíble”. Una década después. Ya convertida en leyenda y su trono ya tenía sucesora, la Newby-Fraser reflexionaba del siguiente modo sobre la evolución de la mujer triatleta – y más concretamente de ella, Wellington y Ryf en Sports Illustrated. “Yo me consideraba una buena atleta, no era buena en nada, pero ese es el truco del triatlón, no tienes que ser buena en nada, siempre que seas buena en todo. Pero son buenas en todo, no tienen puntos débiles. Las mujeres que se incorporan ahora al deporte van a batir muchos récords”.

La sudafricana lo decía como espectadora activa de los avances logrados por las mujeres. Pero una década antes y a pesar de afirmar que el deportista no es dueño ni propietario definitivo de los récords, se mostraba satisfecha de su hazaña y de lo mucho que le había costado a Wellington mejorarla “Estoy segura de que tuvo que dejar un poco de sí misma para conseguirlo. No se tomó ni un momento para disfrutar hasta que cruzó la línea. Una parte de mí se sintió gratificada por ello. Sé lo que tuvo que hacer para conseguirlo y espero que se dé cuenta de que no es tan fácil. Sé que no fue tan fácil para ella.

Arrasadora en categoría femenina, junto a los hermanos Brownlee en distancia olímpica eran el espejo de la explosión del triatlón en Reino Unido. El estallido acompañado de la aparición de todavía más innovaciones, inversión, marcas, publicidad y medios.

DANIELA RYF, EL PACK PERFECTO


De la imbatibilidad británica, a la perfección suiza de Daniela Ryf. Dos triatletas que coincidieron en el crepúsculo profesional de la primera y el inicio en la distancia de la última. Un relevo, dado in situ. Las palabras de Wellington sobre Ryf son las escogidas para ilustrar a esta última. “Es una atleta fenomenal, increíblemente versátil, fuerte en las tres disciplinas, físicamente increíble, mentalmente fuerte, estratégicamente inteligente, técnicamente astuta. Para mí lo tiene todo”.

Ryf ha sido el prototipo perfecto de una época marcada tal y como argumenta Newby-Fraser por el desarrollo del equipo aerodinámico e hidrodinámico, la a tecnología de apoyo en relojes y monitores de ritmo cardíaco, el volumen de información, los cambios en el diseño de las técnicas y métodos de entrenamiento, así como en la nutrición dejan poco margen al error y mucho a las ganancias. Pero también de ese polifacetismo reinante en el presente entre la media y larga distancia y el pasado en corta.

La mejor prueba de ello son sus cinco títulos mundiales de Ironman (2015, 2016, 2017, 2018 y 2021), sus otros cinco de carácter universal en distancia 70.3. (2014, 2015, 2017, 2018 y 2019) y su pasado olímpico con una séptima plaza y diploma en Pekín 2008 y su cuadragésima en Londres 2012.

EL BAILE DE KONA

Sin obviar, esos cronos cuyo objetivo cada más prioritario es rascarle una décima. En 2018 se convirtió en la más rápida de Kona fijando el récord en 8:26:18. Pegándole un mordisco de casi 26 minutos al tiempo de Mirinda Carfrae en 2013 (8:52:14), quien a su vez había mejorado a Wellington. Una plusmarca de la que fue despojada en la última edición (2023) por Lucy Charles-Barclay (8:24:31). Y es que, ese toma y daca entre las marcas es la tónica general de un deporte vivo en la actualidad. Lo que al mismo tiempo da valor al récord de Newby-Fraser de 1992 pero habla quizá injustamente de sus rivales. Buenas, globalmente con mejor rendimiento, pero no suficiente. Regresando a Ryf, lo que sí conserva la suiza es el mejor sector en bicicleta (4:26:07).

EL PENÚLTIMO REGALO: EL RÉCORD DEL MUNDO

En el pasado 2023, Ryf se sacó de la chistera su por ahora última gran actuación, el Challenge de Roth. En esa prueba bautizada como un templo de las plusmarcas selló el vigente récord mundial con un 8:08:21. La mujer que más cerca ha estado de romper la barrera de las sub’8H. Allí presente, una Chrissie Wellington destronada pero feliz y honrada de haber sostenido esa corona durante 12 años y de haber pasado la antorcha a Ryf. “El deporte evoluciona y uno espera poder formar parte de algún modo de un proceso que ve a otros atletas crecer y desarrollarse y aspirar a ser más de lo que uno fue. Y si he contribuido un poco a que Daniela supere sus propios límites y consiga más de lo que nunca hubiera imaginado, me siento muy contenta y orgullosa“.

LOS DOS ÚLTIMOS RETOS DE RYF

En su último vuelo y antes de dar paso a la nueva era, Ryf puede agrandar su leyenda siendo la única persona que haya escrito su nombre en las tres sedes del Campeonato del Mundo Ironman (Kona, St. George y Niza). Para ello tendría que alzarse el 22 de septiembre en la Costa Azul con su sexto entorchado – igualando a su compatriota Badmann – y dejaría su cuenta en 11 títulos mundiales. Una cifra desconocida para el resto. También puede despedirse como la vencedora de las T100 Series inaugurales. El primer paso para ello, este sábado en Miami. El resto, tendrá que esperar.

Desconocemos quién será la siguiente gran dama y recordman, o si esta logrará la machada de poseer el oro olímpico y ser campeona de media y larga distancia como Kristian Blummenfelt. Mientras tanto, siempre podemos apostar sobre quién tomará el testigo dentro del triatlón femenino de larga distancia. Sea quien sea, que se convierta en otro referente para futuras generaciones.

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