Publicidad
La eficacia del pie del corredor parece que depende de la zapatilla y no del entrenamiento. El pie del corredor se ha Nikenizado puesto que la responsabilidad de velar por su eficacia y salud no recae en cómo se entrena y sí de lo qué se calza.
Un repaso de la prensa, webs y revistas especializadas que tratan de entrenamiento y rendimiento en carrera es una buena muestra para ver que el elemento que se presenta como más significativo para la salud del pie y para el rendimiento del corredor es el modelo de zapatilla.
La información mayoritaria gira en torno a marcas de zapatillas y de otros complementos. lo que ha generado una nebulosas que hace casi imposible discernir que son informaciones técnicas objetivas de lo que es publicidad diseñada en lenguaje pseudotécnico.
Como entrenador no me preocupa el modelo de calzado que llevan los atletas con los que colaboro y cuando tienen algún problema los derivo al podólogo deportivo el profesional capaz de opinar sobre el tema. Por otra parte los atletas de élite eligen el calzado que mejor cubre sus intereses de esponsorización.
Los discursos, controversias y campañas publicitarias que llegan al corredor aficionado y que giran en torno al calzado provoca un analfabetismo atlético grupal por cuanto se desplaza el interés por el conocimiento de los factores que determinan el rendimiento hacia el modelo de zapatillas que han de comprar, algo que tiene un peso específico mínimo en el rendimiento pese a que ocupa gran parte de la información que llega a los runners.
Detrás del calzado vienen los geles, pulsómetros y otros complementos de menor importancia pero ofertados, como el calzado, desde grandes grupos empresariales que despliegan campañas publicitarias muy bien orquestadas.
En este contexto de hiperinformación no cabe el entrenador especialista como “producto de interés prioritario para el runner” para mejorar el rendimiento y evitar lesiones.
Los entrenadores no son sujetos ni forman un colectivo con medios para generar campañas publicitarias capaces de competir con las grandes marcas. Estas grandes compañías no permitirán que una parte de sus ingresos potenciales se desvíen hacía entrenadores.
Se ha generado una conciencia colectiva de que el corredor o el grupo dispone de capacidad para autoentrenarse siguiendo unos mantras que se transmiten boca oído. “Cómo más mejor” “Corro por sensaciones” o “yo conozco mi cuerpo” son tres clásicos.
Paralelamente circulan las recetas mágicas: las series de 400 son las mejores; hay que correr a 180 pasos por minuto; la semana antes de la maratón has de comer o no comer tal cosa.
En este entorno hay los “alevalentadores persuasivos o coach que ensalzan el esfuerzo el sacrificio y que convencen a uno de que “Querer es poder” considerando que llegar a meta destrozado en cinco horas en una maratón es una heroicidad y no una brutal agresión al organismo.
Estos sujetos, útiles en el ámbito de la recreación, son peligrosos cuando se trata de entrenar para correr larga distancia.
La demencia llega a extremos de considerar héroes a sujetos que se ponen como meta correr 100 maratones al año o hacerla corriendo hacia atrás ¿Quizás sean las nuevas penitencias laicas de mortificación del cuerpo?
Pero todo está ligado al consumo y no tanto a la salud ni al rendimiento, correr 10 km es mucho más saludable para el runner que correr la maratón, pero esto implica gastar menos zapatillas y mermar los beneficios de las grandes marcas.
Todo este contexto publicitario no deja espacio en el universo del runner para que llegue la cultura del entrenamiento racional como sucede en el 99% de los atletas federados que buscan rendimiento y todos tienen su entrenador.
Son pocos los populares que van a “comprar los servicios de un entrenador especialista, formado y titulado en atletismo o en rendimiento” que les analice la técnica y los demás parámetros condicionales, que les programe las cargas, que les racionalice las competiciones buscando objetivos realistas y que les proteja frente a posibles lesiones.

Esto carece de glamur, se aparta de la erótica del consumo, del subidón que te produce pagar 250 euros por el último modelo de zapatilla o la compra del gel mágico que te harán volar. Son productos que antes que te decepcionen te llegará desde una web o del wasap de un colega el nuevo modelo, el definitivo. Esta publicidad no se basa en ofertar productos que puedan interesarte, son generadoras de deseo del producto que está por llegar y que hace obsoleto el que ya utilizas.

El 90% de los sistemas de entrenamiento que actualmente se emplean para los deportes de resistencia son los mismos que hace 30 años, lo que más ha cambiado son los medios de control y evaluación. Pero su eficacia depende de cómo se apliquen y esto depende solamente del entrenador y los resultados no se ven a corto plazo, las sensaciones de las zapatillas nuevas las percibes al momento. Pero los resultados de un proceso de entrenamiento racional se no se ven hasta pasados meses; en el entrenamiento técnico y racional no cabe la inmediatez ni buscar en el entrenamiento de la semana los resultados del domingo.
La evolución de los récords viene de la perfección de los sistemas de entrenamiento de los medios de control de las cargas y de la recuperación. Pero el consumo ha llegado hasta el punto de que los runners se compran pulsómetros de cientos de euros, con capacidad para medir muchas variables determinantes del rendimiento, que solamente tienen sentido si eres un entrenador formado en este ámbito.
Pero el corredor popular prefiere invertir en el último modelo de pulsómetro que pagar a un entrenador que le planifique las cargas de trabajo, le corrija la técnica y le fortalezca el pie.
El entrenador profesional no es como el charlatán de feria, es como el buen médico que no siempre te dice aquello que quieres oír pero acierta en el diagnóstico y tratamiento.
“Querer es poder” y pensar que el rendimiento depende de lo que compras son las dos lacras más grandes que impiden que la carrera sea una actividad mucho más saludable y que se minimicen los efectos lesivos. Es muy difícil convencer al corredor que haga un consumo de calidad y de proximidad, es decir pensar en lo que te pueden ofrecer los profesionales del entorno y destinar una parte del presupuesto a contratar sus servicios.
Joan Rius Sant
Publicidad