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La triatleta pratense Sofia Aguayo, una de las revelaciones triatléticas femeninas nacionales de las últimas dos temporadas.

Sofia llegó al Prat Triatló 1994 en 2016, siendo categoria junior y tras unos años de atletismo, otros de waterpolo, y sobretodo una vitalidad y entrega difíciles de encontrar, le hicieron cuajar rápido entre el equipo femenino y coger protagonismo año tras año llegando, por ejemplo a ganar a nivel individual, el Campeonato de España de triatlón por Clubes celebrado en La Coruña el 2021 destacándose en los últimos metros finales a la mismísima Cecilia Santamaría.

El club pratense, ya competía entre ‘los grandes’ hace más de 20 años a nivel masculino desde que se introdujeron las primeras pruebas por equipos (Copa del Rey y Liga Nacional), pero no fue hasta la inclusión en el equipo de por aquel entonces debutante Judith Corachan, que el equipo femenino, no empezó a ser  suficientemente competitivo.

El secreto de Sofía, radica principalmente en su sacrificio personal, tanto en cada uno de los entrenamientos que realiza, como en todas y cada una de las muchas competiciones en la que ha defendido los colores azul y naranja del Prat. No existe en su vocabulario deportivo las palabras,  pasividad, relajamiento o abandono, sea cual sea la disciplina o el rango del entreno o competición.

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Durante los primeros años, Sofía fue un auténtico ‘soldado’ del equipo, peleando en todas  y cada una de las competiciones que el club necesitaba de sus servicios. A ella y a otras ‘omnipresentes’ du-tri-acuatletas como Gemma Díaz o Carmen Rodríguez entre otras, les debe el equipo el empuje definitivo a la máxima categoría femenina en Liga Nacional de duatlón y triatlón de estos últimos años, así como a la consecución de muchas ligas catalanas de las tres especialidades.

En 2019, con un nivel nacional consolidado, ya entre las top10 en algunas pruebas, Sofia debutó en Melilla en su primera prueba internacional. Los inicios siempre son difíciles, y aunque haya calidad y garra, hace falta experiencia para recoger frutos.

En la pandemia, siendo un punto de inflexión para unas y otros. Si algunos escogieron la resignación, la apatía, el relajamiento, Sofía tomó el camino opuesto; se puso en manos del entrenador general del Prat Triatló, Carlos Carnero, personalizando su planificación, y apuntó alto.

La realidad fue difícil; muchos meses sin competiciones normales, y luego muchos ‘asaltos’ internacionales que acabaron en caídas o pérdidas de grupo, pequeñas minidecepciones personales que en absoluto minaron la moral de Sofia. Su entrega, el trabajo en equipo y su tenacidad, la han llevado, al fin, a conseguir un resultado de primer nivel, una medalla en la Copa de Europa de Coimbra, en junio de este año, prueba en la que no solo se enfrentaba a triatletas europeas.

¿Dónde está el techo de Sofía? ¿Los mismísimos JJOO de París? quien sabe. Talento y ganas tiene, aunque todos sabemos lo costoso y complejo que supone llegar a dormir en la Villa Olímpica en unos Juegos.

Pero este importante ‘sello’ personal que la caracteriza, no hubiera sido suficiente para conseguir llegar donde ha llegado. Su club, el Prat Triatló 1994, con sus casi 29 años de historia, volcado en este deporte desde sus inicios ha ido poco a poco forjando el caldo de cultivo necesario para que surjan campeonas/es como Sofia. Un grupo social y deportivo consolidado, el apoyo de un ayuntamiento especialmente en servicios, entre los que se incluyen unas buenas instalaciones deportivas, y la planificación profesionalizada que desde hace años es prioridad absoluta del club, han permitido que deportistas del talento de Sofia, puedan llegar a la primera página de nuestro deporte. En la ecuación, ‘tan solo’ falta un factor, el de los sponsors, la gran asignatura pendiente del club y de Sofia, que debe costearse buena parte de los costosos gastos de competición internacional a costa del bolsillo de su familia, y que ha de entrenar y competir con la misma bicicleta con la que empezó a competir con cierta seriedad hace demasiados años, una bici ya descatalogada y que pide a gritos ser renovada. Pero incomprensiblemente, con su nivel y proyección, todavía es hora de encontrar esa ‘mano amiga’ que le valore y le permita seguir progresando y entrenar y competir tranquila.

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