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Apenas 1 minuto duraron las inscripciones de la edición 2017 del Triatlón de Zarautz. Recuperamos este artículo de Iker Gallastegui para entender un poco más el éxito y la filosofía de esta llamada “meca” del Triatlón Nacional.

Foto: Sergio Nievas

¿Quién no ha oído hablar de esta prueba? ¿Cuántos de nosotros marcan con una X muy grande la cita en el calendario allá por enero? Los últimos años, las inscripciones han volado cual caramelo en el patio de un colegio. Si bien es cierto que este año se han cubierto en 3 días, con la salvedad de la preferencia para aquellos que en 2013 los disputaron en la modalidad de duatlón (dispusieron de 10 días para hacerlo antes de abrirse al público en general), para la citada edición de 2013 se agotaron las plazas en ¡¡¡15 minutos!!! ¿Y por qué esta locura, a qué se debe? El presidente del club organizador (Zarauzko Triatloi Elkartea), Inaxio Alguacil, intentaba dar respuesta a estas cuestiones en la entrevista  publicada en nuestra web. Y ni siquiera él, gran conocedor de la prueba y todo lo que la rodea, sabía dar con la clave: entorno único, dureza del recorrido, público entregado…muchas y variados input que hacen de este triatlón algo único.

En el párrafo anterior hemos citado la dureza del recorrido, y sobre ello van a versar las siguientes líneas. Si por algo es conocido el mismo, es por la dureza de las ya míticas rampas de Aia. Rampas que, durante los 3km que dura la ascensión, hará que alguno ponga pie a tierra para superar desniveles superiores al 20% en algunos tramos y una pendiente media cercana al 15%. Piso mezcla de cemento rayado y asfalto, curvas imposibles, rectas que vistas desde la base parecen imposibles. Una vez leído esto, nos preguntamos: ¿qué desarrollo monto? Bufff, aquí cada triatleta es un mundo…eso si, un piñón de 27 ó 29 dientes no os va a sobrar a ninguno. Pero no adelantemos acontecimientos.

La prueba consta de unas distancias no estandarizadas, podríamos decir que son medidas únicas en el panorama triatlético: 2,8km a nado, 81 km en bici y 20 km de carrera a pie. 2800 metros dista la playa de Zarautz de la de Getaria (lugar de nacimiento de un vasco universal, Juan Sebastian Elcano). Varias boyas nos harán de guía a lo largo del trayecto. Generalmente la ola entra desde nuestra izquierda, por lo que nos será de gran ayuda a la hora de hacer pie en la kilométrica playa zarauztarra.

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Si anteriormente los boxes se situaban sobre la plaza de Munoa, de un tiempo a esta parte, la organización ha optado por colocarlos a lo largo del malecón, a unos pocos metros de su situación habitual. Si eres de los que alcanzas el arenal en menos de 1 hora (tiempo de corte para realizar el tramo de nado), subirte sobre la bici y atacar el primer puerto, Meaga, es todo uno. Sin tiempo siquiera ajustarnos debidamente las botas, arranca la primera de las 2 ascensiones a dicho puerto. Unos 4 km con una pendiente media del 3% en el que notaremos el mareo debido a nadar durante casi una hora en mar abierta. Un bucle (30 km) pasando por las localidades de Zumaia y Getaria, nos llevará nuevamente a pie de puerto para realizar de nuevo esa vuelta, pedaleando primero por el interior para después disfrutar, si es que alguien disfruta en carrera, del Cantábrico en su máximo esplendor.

Foto: cedida por Joseba Iriondo

Una vez cubiertos los primeros 60 km, cruzaremos a lo ancho el pueblo de Zarautz, siempre jalonado de un público entregado en este día tan especial, donde nos espera la subida al alto de Orio, ascensión previa a la cota más importante del día: Aia. Ya hemos hablado de sus desniveles casi inhumanos, y más cuando ya llevamos encima 2800 metros a nado y cerca de 2 horas sobre nuestra montura. No os preocupéis, si notáis que las piernas flojean, las decenas de personas que estarán apostadas a ambos lados de la carretera hará que el “sufrimiento” sea menor. Pasillos humanos que ya quisieran para si muchas pruebas ciclistas del más alto nivel.

Ya hemos coronado el “infierno”, ahora toca un largo descenso (aprovechad para rehidrataros y alimentaros) hacia Orio, pasando por Andatza, que nos acercará a la subida final al camping de Zarautz, la traca final. Y cuando hablamos de traca, lo decimos con conocimiento de causa. Ascenso por la ladera del monte de no más de 1 km y con momentos en los que la carretera (cemento y asfalto a partes iguales) se pone seria, tanto, que vuelve a superar desniveles del 20%, llegando a un máximo del 24% ¡Palabras mayores! Rápido descenso a boxes y 20km a pie por delante.

Si en Meaga, Aia y el camping había público animando, nada comparable con lo que os vais a encontrar en las calles de la turística localidad costera. Es su día, es su prueba y lo darán todo para llevaros en volandas hasta meta tras cruzar la “Kale Nagusia” (Calle Mayor) entre gritos de ánimo, desde el ganador hasta el último. Así es la afición zarauztarra, así es la afición vasca en general. Se anima a todos

Triatlón Zarautz

y todas las participantes sin distinción de procedencia. Sois unos más. No descartamos que soltéis alguna lágrima, piel de gallina…os acordareis de las horas de duros entrenos para ser finisher en Zarautz y lo recordareis como nunca lo habéis hecho con un triatlón.

Para que hablaros de los favoritos y favoritas a la victoria, si lo que de verdad hace grande esta competición sois vosotros, nosotros, los triatletas populares. Muchas otras revistas se habrán hecho eco de quien opta a la victoria final, pero nosotros preferimos ensalzar el sufrimiento y alegría, a partes iguales, que conlleva terminar  el Triatlón de Zarautz para quien no vive de ello, sino que vive para ello. Para muchos, la meca del triatlón; para todos, una de las más bonitas pruebas en las que podemos participar.

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