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Bolt necesitó tan sólo 325 segundos para conseguir 9 oros olímpicos. Un prodigio de la naturaleza que se preparaba 4 años para correr 10”

¿Una medalla cada 36” de competición suena a buen ratio, verdad?

Pues bien, eso es un imperativo si tu eres Usain Bolt, el hombre más rápido de la historia de la tierra. Una leyenda del deporte, que va mucho más allá de su carisma dentro y fuera de la pista.

El reinado del Rayo

Su garra lo ha hecho reinar durante una década como el mejor velocista del mundo, consiguiendo ser el único velocista de todos los tiempos en acumular un triple-triple. 3 Juegos con un pleno de oros en todas las carreras donde tomó la salida.

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Pero eso no se consigue de la noche a la mañana. En una disciplina tan dura de mantenerse arriba como es la velocidad, el hecho de que sea el único hombre entre las 10 marcas más rápidas de la historia sobre los 100m que no haya estado sancionado por dopaje, dice aún más del jamaicano.

“Competir a este nivel y ganar medallas no es fácil. La gente tiene la idea de que, para mí, es sencillo, que no tengo estrés ni presión”, dijo el velocista, al hablar sobre el documental I am Bolt “Lo que quería era que la gente viera por todo lo que tuve que pasar para estar dónde estoy ahora: el dolor, el esfuerzo y las recompensas. Mostrar a todos el camino hasta las victorias”.

Un camino que en ningún momento fue fácil, puesto que el atleta tuvo que lidiar con problemas de rodilla, isquiotibiales y tobillo, que estuvieron a punto de sentenciar su carrera antes de tiempo.

Un cuerpo NO APTO para la velocidad

Un cuerpo llevado al límite. Fiesta desenfrenada y un físico privilegiado, permitían que en muchos momentos, Bolt pudiese combinar una doble vida dónde cuidar el cuerpo y destrozar al cuerpo han ido de la mano, pero que sin duda, el mismo Usain ha sabido preservar, a sabiendas de que se trata de un chasis de súper deportivo, dónde cualquier pieza es irreparable.

Pero no siempre fue así. Para empezar, Bolt rompe los moldes en cuanto al físico perfecto para un velocista, que debe de estar entre el 1,80m y el 1,85m. Pues bien, el Rayo mide 10cm más, 195cm. Mayor peso para una carrera dónde la aceleración es decisiva.

A eso se le suma una dismetría -una pierna más larga de la otra- de 1,5 cm, lo que hace que el atleta tenga una pisada desigual, y una clara desventaja al trazar la curva en los 200m.

Sin embargo, Bolt supo sacar partida de sus carencias. Quizás su salida era de las peores de la salida, pero su potencia muscular le permitía sostener la altísima velocidad máxima durante más tiempo, cosa que sus rivales no podían ni igualar.

Un prodigio que ha sido ‘el más listo de la clase’ durante toda su carrera, y que ahora mismo se encuentra dedicado a sus pasiones, la música, la fiesta y los negocios.


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