Se cae, le dan 16 puntos en la rodilla y sigue en la Vuelta a España

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El surafricano Willie Smit fue el peor parado en la caída que implicó a varios ciclistas justo después de entrar en el último kilómetro de la decimocuarta etapa de la Vuelta a España, con llegada en Oviedo. Los 16 puntos que le pusieron en la rodilla no le han hecho abandonar. Sueña con llegar a Madrid en su primera gran vuelta por etapas

Lleva el dorsal 148 y es uno de esos corredores que se dedica a hacer la vida más fácil a los líderes de equipo. Cuando los pedales centrifugan a mil revoluciones para que los más rápidos se jueguen la victoria, las ruedas apuran cada centímetro de asfalto para no perder la estela del oponente. En esas andaban varios ciclistas con el pelotón exprimiendo las últimas bocanadas de energía, cuando uno de ellos estrechó demasiado el cerco y, tras tocar la rueda trasera de un rival, se fue al suelo organizando una montonera que cortó el grupo y engulló a varias bicicletas.

Salvo raspones y magulladuras todos salieron indemnes. Todos excepto Smit, al que tuvieron que coser la herida de la rodilla y darle dieciséis puntos de sutura antes de dejarle marchar al hotel. Por si fuera poco, la etapa del día siguiente arrojaba un perfil exigente a más no poder: un puerto de segunda categoría, dos de primera, y llegada en alto en el Santuario del Acebo. “¿Cómo ha hecho Will para subirse hoy a la bici?”, le preguntaban al director del equipo Katusha, Dimitri Konychev, durante la retransmisión. “La verdad es que pensaba que se iba a bajar a mitad de la primera rampa”, reconocía el ruso.

Sin embargo, Smit se aferraba a la grupeta con uñas y dientes. “Parece que está empezando a ceder ante esa grave…”, decía Carlos de Andrés mientras el surafricano se retrasaba en el pelotón. “No, no, está pidiendo agua, por eso se está descolgando”, le corregían rápidamente desde la moto, provocando la risa incrédula de Perico Delgado que confesaba que “no me quiero imaginar el dolor que tiene que sentir ahora mismo. Lo que habrá pasado”.

Después de superar otra etapa montañosa y de la jornada de descanso, hoy estará en Aranda de Duero dispuesto a sacrificarse y a derrotar a un umbral del dolor que parece no tener techo. Puede que el Team Katusha no gane ninguna etapa de las cinco que quedan, pero tienen entre sus filas un ciclista de hormigón armado. En un vídeo en el que informa del estado de su rodilla, Smit confiesa otra de las motivaciones que le conducen a Madrid. Su compañero de habitación, el belga Steff Cras, busca sitio para celebrar su llegada a Cibeles. “Teatro Kapital”, lee en el teléfono móvil. Ya a nadie le extrañaría que acabase bailando en la noche madrileña.

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