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Todos y todas a veces pasamos por días de malos entrenos,  sin importar lo bienintencionados que lleguemos a la sesión de entrenamiento. Entrenamos con tanta frecuencia que es probable que esto suceda de vez en cuando. Ya sabes, te sientes bien, estás relajado y animado… Todo indica que saldrá un entreno impecable. Y, por la razón que sea, no estás al nivel. Todos los ejercicios te parecen más difíciles de lo habitual y tus compañeros de equipo te están adelantando con facilidad. Y de golpe te encuentras en una caída libre de confianza que disminuye estrepitosamente. No te preocupes: aunque esto es totalmente normal, a continuación, te mostramos cómo cambiar las cosas y volver a encarrilarte en un santiamén. 

¿Por qué nos obsesionamos tanto con las malas sesiones?

¿Alguna vez has notado cómo los malos entrenos vuelven a tu mente como pensamientos intrusivos? Ya puedes hacer dos semanas de entrenamientos excelentes, que en el momento en que las cosas se derrumben en un solo entreno, es todo en lo que podrás pensar. Pero esto es un fenómeno muy común: en comparación con un entrenamiento positivo y exitoso, un entrenamiento negativo deja una impresión mucho más profunda. La experiencia es más nítida en nuestra mente, usamos palabras más fuertes para describirla y la procesamos más a fondo en nuestro cerebro (es decir, lo pensamos mucho más). La investigación “Bad is stronger than good” ha demostrado este patrón que en la naturaleza humana se repite una y otra vez.

Nos detenemos más intensamente en las experiencias negativas. Esto es así y está científicamente demostrado. Entonces el primer paso es procesarlo. A partir de ahora debes tener en cuenta que los malos entrenamientos van a sobresalir en tu mente, porque es parte de la naturaleza humana enfatizarlos. ¿Entendido?

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STOP DRAMA

Existen malos días, pero siempre hay algo peor que un mal entreno suelto. Es cuando una mala práctica provoca una racha de malos entrenamientos. Debido a que un día tuviste un día malo, pasas de ir motivado a la siguiente sesión o ni apareces por la piscina. Y así consecutivamente y, de repente, esta mala práctica se extiende a lo largo de la semana, multiplicándose como moho en esa toalla de baño empapada que ha estado en tu taquilla durante meses.

El colapso de la confianza nos deja impotentes. ¿Qué está pasando? ¿Estoy empeorando? ¿Estoy perdiendo el tiempo con este deporte? ¡Esto no es lo mío!

Si eres el tipíco nadador que tiene problemas para dejar de lado una mala sesión, a continuación te ponemos algunas formas de hacer que ese mal entrenamiento se quede al margen:

1. Céntrate en la técnica

La confianza es una habilidad y, a veces, puede resultar excepcionalmente difícil de conseguir. Pero un buen consejo es empezar por centrarse en los aspectos técnicos. ¿Por qué? Porque cuando la confianza en uno mismo es frágil, es mejor ceñirte a las habilidades que sí puedes trabajar. No cómo te sientes, ni siquiera en los tiempos y los resultados. Mejora tu técnica que es lo que enciende y fortalece tu propia confianza.

Asimismo, los pequeños triunfos que se obtienen al mejorar la brazada, el equilibrio o la patada construyen confianza, ladrillo a ladrillo. Esta mítica frase de Johnny Weissmuller, cinco veces medallista de oro olímpico, nos ayuda a ilustrar el mensaje:

“A lo largo de mi carrera nadé para recuperar la forma. La velocidad vino como resultado de eso “.

No siempre puedes controlar qué tan motivado te sientes ese día. Ni siquiera puedes predecir perfectamente cuánta velocidad tendrás en el agua. Pero siempre puedes controlar qué tan concentrado estás en tu técnica.

El camino de regreso a la natación rápida y a los buenos entrenamientos comienza con una buena ejecución. Punto final.

2. Llena tu “depósito” físico y mental

Castigarte mentalmente después de una mala práctica puede parecer algo de “élite”. Al estar tan enfadado contigo mismo, estás demostrando que te preocupas mucho por el deporte. En lugar de encerrarte y castigarte, toma esa determinación y pasión para cargar fuerzas.

Duerme media hora extra. Come la cena más saludable que puedas. Haz un poco de trabajo para calmar tu cerebro. Sal a caminar y desconecta mentalmente de las redes sociales y del teléfono. Bebe mucha agua e hidrátate.

Enfatizar y pensar demasiado en un mal entrenamiento nunca es una buena opción. Obsesionarse con lo que ya no ha sido posible nunca ayudará a lo que está por venir.

3. Una mala práctica te prepara para una mala competición

¿Eres el tipo de deportista que va a una competición y clava siempre sus expectativas con cada carrera? Si es así, enhorabuena, porque eres un unicornio entre una bandada de caballos.

Al igual que todo el mundo tiene malas prácticas de vez en cuando, hay carreras en las que las cosas se nos vienen abajo. Entonces, aquí está el lado positivo de esa mala práctica: te está dando una prueba para ver cómo lidias con la adversidad. La forma en que lidias con las adversidades en el entrenamiento es el tráiler de la película de una mala carrera. 

4. Vuelve a la carga

A veces, ese avance ocurre cuando menos lo esperamos. Mientras estudias para tres exámenes diferentes, consigues tu mejor tiempo en un crol de 200 metros. Te duele el hombro, pero consigues romper las series a tiempo récord. Y así sucesivamente.

A veces, las cosas buenas simplemente suceden. ¿El requisito? Aparece a los entrenos.

Piensa ahora en todas las excusas que podrías haber usado para no entrenar hoy. Pero no lo olvides: los resultados se arreglarán solos si sales a entrenar y das lo mejor de ti mismo.

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