Publicidad

Mi nombre es Antolí Fauria, ingeniero de profesión y actualmente triatleta a tiempo parcial en el C.N. Mataró. Me gusta cocinar, prefiero lavar platos a tender ropa y escribo cuando fluye la inspiración.

Con la presente ya son 7 las temporadas practicando el deporte multidisciplinar rey (sin ninguna duda ha desbancado al decatlón y los demás “-tlones” de la IAAF) y a pesar de que sigo aprendiendo día a día, considero que el área bajo la curva experiencia/tiempo empieza a tener un valor nada despreciable.

No es un secreto que el triatlón y sendos entrenamientos tienen cierta proporción de adicción, aun no cuantificada científicamente, pero ampliamente experimentada por los miles de deportistas que lo practican a día de hoy. Una adición que crece exponencialmente al tiempo dedicado absorbiendo al triatleta sin importar el nivel ni la edad; apartándole incluso de sus quehaceres y obligaciones, por ejemplo, a nivel socio-familiar.

Es ciertamente complicado tirar una línea traducida en horas máximas de dedicación, pero al mismo tiempo es peligroso no hacerlo a riesgo de olvidarse de tareas con más y mayor peso a nivel personal. Podríamos catalogar como excepciones de la Regla Temporal del Triatlón (nótese que me la acabo de inventar ahora mismo) a los profesionales que sí pueden y deben dedicar toda su fuerza a pensar en su próximo entrenamiento o carrera. Todos los que formamos los capítulos y los párrafos de esta imaginaria reglamentación tenemos otros deberes de, por lo menos (siendo benevolente), igual importancia.

El triatlón es la actividad que nos permite desconectar por unas horas de nuestras obligaciones. No al revés.

Publicidad

Reflexionemos.

NOTA: A un servidor le ha costado seis veranos darse cuenta de que a la piscina también se puede tomar el Sol en una tumbona.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí