Publicidad

A veces tenemos un día muy malo: nos sentimos lentos, no sacamos el rato para entrenar simplemente no hacemos buenos tiempos. Hoy te ayudaremos a entender por qué la adversidad y los momentos difíciles forman parte del proceso de aprendizaje. 

1. Teje un sistema de apoyo

Tus amigos, tu familia, tus entrenadores… están ahí para proporcionarte amor incondicional, seguridad psicológica y para recordarte de que pasta estás hecho. Son la caja de resonancia de tus miedos, el respaldo de tus objetivos y una voz de la razón en los momentos turbulentos.

Habla de lo que sientes. Expresa tus preocupaciones. Elabora un plan de batalla con tu entrenador para salir fortalecido de esta situación. No es necesario que te enfrentes a esto solo. Hay muchas cosas grandes que pueden venir de una persona que persigue el éxito, pero cuando un grupo de personas lo persigue conjuntamente, la excelencia es inevitable.

Publicidad

2. Estar ahí en los momentos difíciles

Alguna vez has notado que puedes dar un gran consejo a un compañero de equipo: ¡no te rindas! Concéntrate en tu técnica.  En lugar de quedarte atrapado en el ciclo interminable de pensar en lo mal que va tu temporada o en lo mal que lo has pasado nadando, sé fuerte por las personas que tienes en tu vida.

Sé un gran compañero de equipo. Anima, asesora y apoya a los nadadores más jóvenes. Sé un buen amigo. Sé la roca, sé la razón por la que el día de otra persona ha mejorado, incluso si sientes que las olas están a punto de pasarte por encima.

3. Escribe en un diario cómo te sientes

Tanto para evaluar las actuaciones pasadas como para llevar un diario de cara al futuro, escribir un diario de sensaciones es una buena herramienta para mitigar el estrés y la ansiedad.

En los días en los que te sientas frustrado e impotente, escribe en tu diario el torbellino de pensamientos temerosos. Vomita tus ansiedades y miedos a través de la punta de un bolígrafo. Poner en palabras tus sentimientos y emociones y verlos en papel te ayuda a superarlos. A menudo, el mero hecho de ver cómo te sientes por escrito te da la perspectiva que necesitas para calmar esos miedos.

4. Las rutinas son tus amigas

Es fácil perder de vista nuestras rutinas y buenos hábitos cuando los resultados no dan resultado, o incluso cuando una lesión, una enfermedad o una pandemia mundial los pone en peligro.

Al no estar en nuestro horario “habitual”, nuestros peores impulsos se apoderan rápidamente: ¿No puedes entrenar en la piscina? Bueno, ¡mejor ir a por pizza,  donuts y jugar a videojuegos durante el resto del verano! Aunque nos quejemos de los madrugones y los largos entrenamientos, la rutina de estas cosas nos reconforta. Sin ellas, podemos sentirnos desorientados y aferrarnos a nuevos hábitos y rutinas menos productivos.

Establece una rutina que puedas cumplir cada día.

Cosas sencillas, como salir a pasear, despertarse a una hora determinada o hacer la cama, no harán que los momentos difíciles desaparezcan por arte de magia, pero proporcionarán pequeños anclajes desde los que podrás marcar un cambio positivo.

5. Enfatiza la gratitud

La gratitud es una forma comprobada de disminuir la ansiedad y dar perspectiva a la agitación de tu vida. Sí, el mundo exterior da miedo, te preocupas por tus padres, te sientes frustrado por haber hecho una mala carrera, pero estás sano y puedes dedicar tiempo a tus aficiones, etc.

Ser consciente de la gratitud no significa tapar las cosas malas del mundo o hundir la cabeza en la arena; es reconocer lo bueno de tu vida para tener una perspectiva clara a la hora de enfrentarte a los retos que te esperan.

6. Céntrate en aquello que controlas

Sé realista sobre las cosas que controlas y las que no. Cuando te encuentras a la deriva en el terreno de las cosas que no controlas, el estrés, la ansiedad y la frustración aumentan.

¿Puedes hacer que la piscina vuelva a abrirse? ¿Puedes hacer que todo vuelva a funcionar como antes? No.

Pero puedes hacer ejercicio en tu casa. Puedes entrenar y comer sano. Puedes aprovechar al máximo el tiempo que pasas con tu familia. Puedes desconectarte de las redes sociales.

7. Esta es tu oportunidad para mejorar

En la historia de todos los grandes atletas hay momentos que los definen. Una lesión que les dejó fuera de juego durante tres meses (y se recuperaron con más fuerza).

El agotamiento y la retirada (y el regreso una década después y la natación más rápida que nunca). Estos son los momentos que definen el carácter, en los que se pusieron a prueba y estuvieron a la altura de las circunstancias.

Cuando te sientas frustrado, o la duda te trepe por la garganta, siéntate con un bolígrafo y un papel y escribe la respuesta a esta sencilla pregunta: “¿Cómo puedo hacer que esto sea lo mejor que me haya pasado?”. Este es el comienzo de un nuevo capítulo de tu vida y de tu viaje en el agua. Decide a dónde te llevará la historia.

Publicidad