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La tarde y la noche del sábado fueron de desconexión, descanso y lluvia. Las nubes descargaron con fuerza las horas antes en la zona donde se iba a disputar el Triatló de Sant Pol de Mar by Tricircuit. Y con la lluvia… refrescó.

Antes de ir a dormir dejé todo preparado, para no ir con prisas el domingo. Me levanto pronto, sobre las 6:30 y desayuno: tostada con pavo, plátano y un par de higos. Bebo un vaso de agua.

Nos plantamos en Sant Pol una hora y cuarto antes de la salida para ir a buscar el dorsal y preparar el material en boxes, ir al baño y tenerlo todo listo. Mientras descargamos las bicis del coche, por megafonía comentan que el agua está a 19ºC. Miradas de … uf! ¡Neopreno sin duda! Mi pareja no lo había cogido por pensarse que la temperatura estaría más elevada y, ya ves… tembleque y nervios antes de empezar. Una vez todo colocado en la zona de boxes y con el neopreno medio puesto, bajamos a la orilla… y andamos hasta la salida del agua. Nos metemos a calentar y bueno, el agua no estaba tan fría como pensaba… ¡Positividad ante todo!

Tras la salida masculina, dos minutos de concentración y puro nerviosismo antes de que tocase el turno para las chicas, con salida específica Triwoman. Me coloqué en segunda fila y de cabeza al agua sin pensármelo. ¡Qué instante! Salida sin problemas, nadando junto a otras chicas codo a codo hasta la boya de giro, donde cojo mi sitio. En ese momento ya fui adelantando a algún triatleta masculino federado. Si más no, eso te da confianza y ganas de continuar, brazada tras brazada.

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Nadamos dirección Calella, de cara a la salida del sol. No veía mucho más allá de los pies y el aleteo de los triatletas delanteros; pero no fue complicado guiarse hacia la siguiente boya. Las tres medusas con las que me cruce tampoco fueron un impedimento para llegar a la boya de giro sin alterarme. Ahí sí que me comí varios manotazos (de hombres), que me dieron en la cara, pero yo ahí, brazada tras brazada sin perder las ganas.

Salí del agua y en cuanto me planté en la moqueta que nos llevaba a la T1 me fui desabrochando el neopreno y controlando la respiración. Mentalizándome para el siguiente tramo, encaré la zona de boxes para llegar a mi ubicación. Había aún muchas bicis para coger. Las de mi lado estaban y una de ellas era la de Dani, mi pareja, que salía 2 minutos después de mi. Me quité el neopreno tan rápido como pude, me coloqué los calcetines y las zapatillas, el portadorsal, el casco bien atado y las gafas de sol. Le pegué un trago al isotónico y pensé: ¡Vámonos!

Paso la línea y me subo a la bici, dos calles de enlace para coger la N-II y pam: 2 subidas dentro del pueblo que tenían mucha tela por su desnivel. Ya sabía lo que me esperaba porque el año pasado me pilló por sorpresa… pero igualmente me volvió a sorprender. Y mis piernas llegaron arriba duras como piedras.

Al coger la N-II veo a triatletas que van solos, cada uno a su ritmo. Intento pedalear y pedalear para coger ritmo. Primeros kilómetros bien, rectas y alguna subida pero se aguantaba. Los temidos repechos estaban por detrás. Llego al primer giro, marcado con conos, y pienso, vamos, a por la vuelta entera. El tramo empieza con una subida y tal y como se acaba, le sigue una bajada que te permite disfrutar de las vistas de primera línea de mar. Cadencia y concentración. “Venga que viene la cuesta del Gran Sol”, pensaba. Apretar dientes, culo y todo lo se pueda. Costó pero la subí y ya venía un pequeño tramo aceptable hasta el siguiente giro.

Luego tocó otra sufrida rampa. Me las conozco, pero siguen siendo igual de temidas. Al llegar arriba, volver a coger ritmo y cadencia. Me recupero un poco con isotónico y venga: “Al lío”…A por la segunda vuelta. Fue la mejor de las tres en cuanto a concentración y ganas que le puse, aunque notaba y sentía que no estaba “espléndida”, dentro de lo que yo soy. La tercera vuelta costó porque la velocidad media iba bajando y al ir mucho rato mirando el suelo notaba que me medio mareaba al levantar la cabeza. Costó lidiar el estado físico con los pensamientos un tanto negativos, pero con sufrimiento me planté a la última subida del recorrido. Mis piernas no estaban muy por la labor, pero ahora ya venía bajada hasta la T-2.

Una vez allí, pasé lo más rápido que pude por la zona de boxes hasta llegar a mi número. Colgué la bici, me cambié las zapatillas, dejé el caso y cogí el gel. “Vamos, que quedan 5km”, me aseguraba. En los primeros metros me costó centrarme. Me vino a la cabeza los recuerdos de mi debut hace un año, en ese mismo triatlón. Al empezar la carrera a pie lo pasé mal por tener las piernas “como piedras”. Esta vez iba mejor, pero fallaba la cabeza. Aún así, me tomé el gel y, poco a poco, cogí el ritmo e intenté mantenerlo. No iba fuerte, sino que me centré en llevar una buena respiración e ir cómoda. Me falta competitividad, sí, pero estaba allí para disfrutar. Tampoco miré el gps demasiado, sólo cuando indicaba las vueltas de 1km. Así tenía referencias de cómo iba.

Recuerdo que al final de la primera vuelta me crucé con Dani. Iba cansado y casi no me dijo nada, pero eso me dió un plus para no parar de correr. Y zancada tras zancada ya iba por el final de la segunda vuelta… momento feliz porque sólo quedaba ya la última. “Venga, a acabar!”. Costó menos de cabeza y eso se agradece. Paso a paso ya quedaba menos. Éramos también menos triatletas en el circuito pero yo a mi carrera. Encaré la última recta, paralela a la vía del tren en el paseo de la playa. Justo cuando salí del circuito para entrar en meta me coloqué el dorsal hacia delante, me quité las gafas de sol… y a disfrutar del paso por la moqueta.

Fue cruzar la meta y cerrar los ojos. Lo había conseguido otra vez! Había acabado mi tercer triatlón sprint, después de Sant Pol 2015 y Tricircuit Arenys 2016. Justo al acabar Dani me esperaba en la línea de meta. Abrazo enorme y momentos de calma y de comentar la jugada.

Cuando acabas lo ves todo de otra forma: Entiendes por qué haces este deporte. También piensas en lo que podías haber mejorado durante la preparación y en los pasos que te han beneficiado. Ante todo, crítica constructiva para encarar con más motivación y trabajo el próximo. Esto es motivación y entrega constantes. El triatlón te devuelve lo que tú le das.

¡Gracias por leerme!

Foto: Carles Iturbe

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