Imagen cedida por la organización

Triatletasenred se puso el dorsal 120 para participar en uno de los triatlones más singulares y madrugadores de la temporada en España: el Triathlon Internacional de Portocolom.

XAVIER ENSENYAT. Después de un viernes lluvioso en el que hubo que suspender el reconocimiento oficial al circuito de bici (conocido es el refrán ‘en abril, lluvias mil’), al día siguiente apareció el astro rey para alegría de organizadores y participantes. El sábado era el día para disfrutar del TriKids Duathlon, recoger dorsal, dejar la bici en boxes y tomar contacto con el puerto natural de Portocolom. De paso, aprovechamos para visualizar los circuitos de natación (el agua estaba a 14 grados, por lo que el neopreno era necesario) y running.

Con la opción de escoger entre la distancia 111 (1 kilómetro de natación, 100 de bici y 10 de carrera a pie) y la 55.5 (exactamente la mitad en cada uno de los sectores anteriores), opté por la distancia larga. Tocaba madrugar más, ya que la salida era a las 8.45, por las 11.00 de la corta. Precisamente la salida fue el único lunar de la carrera. Se accedía por una puerta estrecha por la que sólo se podía pasar de uno en uno. Y cuando muchos aún no habíamos llegado al agua, y mucho menos a la corchera (punto exacto de partida), empezó la competición para sorpresa de muchos.

Sin embargo, para los más rezagados, había terreno de sobra para recuperar en el sector ciclista: dos vueltas de 50 kilómetros en los que destaca la exigente ascensión al santuario de San Salvador, con 14 curvas de herradura y unas preciosas vistas desde arriba. Antes de llegar a ese punto, una bonita carretera estrecha llena de toboganes con paisajes dignos de la Toscana italiana, donde tuve el honor de ‘sufrir’ el adelanto de Lucas Mola, ganador de la prueba corta. Después, una carretera más ancha con el viento como principal dificultad, especialmente en nuestra segunda vuelta. En ese punto del circuito, por cierto, mi bicicleta de ruta sucumbía ante las cabras, que me adelantaban con demasiada facilidad. Menos mal que me desquité haciendo parciales dignos (la organización tiene el acierto de cronometrarlos) en los cinco kilómetros al 6,4% de San Salvador.

La carrera a pie es un digno colofón a este peculiar triatlón. Se rodea todo el puerto de Portocolom (el puerto natural más grande de Mallorca) hasta alcanzar el faro que aparece como imagen corporativa del triatlón. Con ligera subida en la ida y ligero descenso en la vuelta, todo ello a escasos metros del mar. Como dice la famosa canción de Los Mismos, con pequeño cambio en el estribillo: “Será maravilloso viajar hasta Mallorca…y hacer Portocolom”.

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