El escocés, diagnosticado con tres tumores cerebrales inoperables alcanzó la final de los 50 metros braza en los Commonwealth Games. Natación y activismo pro derechos del paciente e investigación contra la enfermedad se dan la mano en su día a día.
Hay competiciones hechas para ser disputadas y ganadas y hay carreras que están para ser libradas, convividas y convertirlas en infinitas. Lo sabe bien el nadador escocés Archie Goodburn quien en las últimas horas se ha ‘robado’ todo el protagonismo en los Commonwealth Games donde concluyó séptimo en la final de los 50 metros braza. Un resultado cuya magnificencia no reside en sus registros ni posición, sino en la historia que esconde tras de él.
A sus 25 años recién cumplidos este bracista natural de Edimburgo sabe desgraciadamente muy bien que el deporte es lo menos importante de las cosas importantes de la vida. Medallista mundial y europeo júnior en 2019, subcampeón en el Campeonato de Europa de Piscina Corta de Otopeni 2023 y campeón británico esa misma temporada era una de las promesas nacionales. Sin embargo, todo cambió en diciembre de ese año cuando Goodburn comenzó a experimentar episodios extraños durante los entrenamientos, que se intensificaron con el paso de los meses: pérdida de fuerza, entumecimiento en el lado izquierdo, una profunda sensación de miedo y náuseas y convulsiones.
Migraña hemipléjica fue el primer y fallido diagnóstico. La cruda realidad estalló en mayo de 2024, apenas un mes después de quedarse por 54 décimas a las puertas de la clasificación olímpica para los Juegos Olímpicos de París, cuando le detectaron tres oligodendrogliomas, tumores cerebrales raros e inoperables debido a su tamaño cuya tipología representa aproximadamente el 3% de todos los diagnósticos de cáncer cerebral y un mero 0,27 casos de cáncer por cada 100.000 habitantes al año en España.
Entonces Goodburn comenzó una cuádruple lucha: mantenerse con vida y tratar su cáncer, buscar nuevas terapias o medicamentos, graduarse como ingeniero químico – que ya lo ha hecho – y seguir compitiendo en la medida de lo posible. En la práctica, todas ellas han estado estrechamente ligadas entre sí a lo largo de estos dos años.
Porque Archie a priori no debería haber estado nadando en Glasglow ni participando en los Commonwealth Games, ni hubiera logrado licenciarse en ese tiempo si se hubiese sometido al tratamiento estándar de radioterapia y quimioterapia que le esperaba de no ser por la aprobación para su uso del Vorasidenib, un fármaco revolucionario que detiene la producción de las proteínas que ayudan a que sus tumores crezcan y entre cuyos efectos secundarios no se encuentran las secuelas cognitivas y físicas de la radio y quimio.
Un uso del Vorasidenib no exento de batalla, la judicial, la que le llevó a él y a otros muchos en su misma situación a hacer campaña para que el Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y la Atención británica revocase su decisión inicial y provisional de no recomendar su utilización en pacientes. Algo que consiguieron hace apenas cinco meses.
Desde entonces, Goodburn ha batido el récord escocés en los 50 m braza dejándolo en 27.12 este febrero, pero su plusmarca y actuación traspasa los números y el deporte para erigirse como símbolo y punta del iceberg de algo mayor y trascendental, los nuevos tratamientos pueden cambiar la vida de las personas y permitirles vivir sin restricciones por su diagnóstico. “Hay tanto espacio para el cambio. El cambio es tan posible” afirmó para The Guardian Goodburn, quien no se conforma con este avance sabedor que el desarrollo de un único fármaco en dos décadas es insuficiente para él y para muchos otros. ’ “Vorasidenib solo me ‘compró cuatro años (de vida) más, según los ensayos. Necesito más. Y no voy a dejar de hacer campaña hasta mi último aliento”.
“Vorasidenib solo me ‘compró cuatro años (de vida) más, según los ensayos. Necesito más. Y no voy a dejar de hacer campaña hasta mi último aliento”.
No son palabras vacías, puesto que detrás de ellas se haya un joven que es una de las voces más reconocidas tras la campaña Brain Cancer Justice la cual insta al gobierno británico a entregar a los científicos los 40 millones de libras prometidos en investigación, así como garantizar el acceso a ensayos clínicos y el “derecho a probar” tratamientos potencialmente salvavidas a los pacientes. “Abogo por intentar alargar mi propia vida y marcar la diferencia en mi propia vida“, dijo a la BBC tras su participación en los Commonwealth Games, “pero también para los otros jóvenes pacientes y adultos que están pasando por lo que yo estoy pasando”.
Un acuerdo que llega en un contexto en el cual el progreso en el desarrollo de fármacos para esta enfermedad en el Reino Unido es limitado y en el que durante el proceso Goodburn no ha cesado de señalar a la “brecha traslacional” entre los descubrimientos de investigación en fases tempranas y la financiación de medicamentos de la que son víctimas los pacientes y equipos médicos, donde el problema no reside en la investigación, sino la dificultad de llevar esa investigación a ensayos clínicos accesibles.
“Sueño con un futuro en el que el cáncer cerebral no sea la mayor causa de muerte entre los menores de 40 años en Reino Unido y que el gobierno británico establezca un plan nacional para lograr ese cambio“, dijo en Glasgow y es necesario mencionar que, tal y como recordó el propio nadador en UK, y desde 2001, el cáncer cerebral solo recibe el 1% del presupuesto destinado a la partida del tratamiento contra el cáncer.
“Prefiero mucho más que se haga un cambio y que ese sueño se cumpla que cualquiera de mis metas personales en la piscina, porque lo que las familias y los jóvenes están viviendo allí fuera realmente está más allá de la comprensión de mucha gente y, desde luego, mucho más difícil que cualquier cosa que yo haya tenido que hacer como deportista de clase mundial” sentenciaba tras nadar la final.
Pero eso sí, pese a todo no ha perdido su ambición en el agua. “El objetivo era llegar a la final, el sueño era lograr la medalla. Ese sueño no se hizo realidad, pero espero que mi otro sueño si se cumpla“.
No hubo presea, tampoco récord escocés como así lo buscaba (se quedó a tres décimas del mismo y a 0.48 del bronce de Adam Ramsay-Peaty), pero sí la satisfacción y autoconciencia de la magnitud de haber conseguido estar presente en una cita para la que su salud jamás le había garantizado llegar: “Es muy difícil (de gestionar) porque es el punto álgido de mi carrera deportiva hasta ahora y nunca sabes cuando voy a tener la última oportunidad de volver a hacer algo así” se explayaba antes de mostrarse afortunado “Es genial estar en los Commonwealth Games y hacerlo en casa. Ha habido momentos muy duros esperando y mirando los resultados médicos. Todo eso hace de esto algo todavía más especial” a lo que añadía “Estoy en una posición privilegiada gozar de esta salud y forma a pesar de todo lo que me sucede y poder competir”.
“Durante toda la competición he creado recuerdos para toda una vida” decía en CBC Sport. Sin embargo, si los avances médicos y la salud se lo permite, Archie Goodburn podría poner su punto de mira en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 donde por primera vez se incluirán los eventos de 50m en natación, excluidos hasta el momento. Para ello, deberá obtener su billete en una de las tres parada de la Copa del Mundo de 2027, donde en un formato eliminatorio se clasificarán los seis primeros de cada prueba con un máximo de dos representantes por país y sexo.
Quién sabe y tal vez la investigación e inversión médica se alineé con el potencial de un nadador cuyo paso por los Commonwealth Games ha puesto en el foco de atención lo más importante, la salud, la investigación del cáncer cerebral y el derecho a poder tener acceso a nuevos tratamientos gracias al desarrollo de nuevas fórmulas y/o terapias. Porque hay muchas formas de ‘ganar’ y se puede ganar sin colgarte la medalla de oro. En el Tollcross International Swimming Centre lo hizo él y todos los que desgraciadamente comparten la misma experiencia.
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