Foto: CN Alameda
El otro día mi hijo de 8 años me preguntó por qué me había apuntado a un triatlón. Sin duda, es de esas preguntas que una mente inocente y sencilla te plantea. Me tomé unos segundos y le respondí: “Es un reto. Un objetivo. No hay nada que con esfuerzo e ilusión no se pueda hacer.”
El triatlón de la mujer son tres pruebas, que bajo mi punto de vista una compensa la otra. Nadie somos buenos en todo en esta vida, unos aspectos compensan con otros. Como la vida misma.
Realmente, a día de hoy temo la prueba de natación. Sé que de una forma u otra acabaré con la prueba y cogeré la bici con un pedaleo alegre y seguiré hasta comenzar la carrera y llegar a la meta.
Quiero ser un ejemplo para mis dos hijos, que vean que cuando alguien quiere algo lo puede conseguir. No importa el puesto que ocupe (soy consciente que seré de las últimas), lo más importante es que LLEGARÉ y acabaré llorando de la emoción abrazada a mis compañeras.
Porque el deporte son emociones, sensaciones que te hacen sentir bien y que puedes compartirlas. El deporte me hace feliz. Y como podéis ver en las fotos adjuntas con mis hijos, a diferentes edad, de una forma u otra, siempre les he transmitido ese amor por el deporte y las sensaciones que este te hace sentir y transmitir.
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