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Cuando pensamos en tomar suplementos para complementar nuestra actividad deportiva, generalmente pensamos en cómo aumentar el rendimiento. Por ejemplo, a través de recuperar mejor la musculatura, sentirnos menos agotados y con más energía, tener más “chispa”, etc. (Descarto aquí cualquier suplemento que sea un verdadero potenciador del rendimiento, entrando en el doping, ya que es un tema que daría para otro artículo).
Quizás no es tan frecuente, pero también se empiezan a tener en consideración suplementos para mejorar la calidad del sueño, ya que cada vez tenemos mayor conciencia de la importancia de un buen descanso para rendir bien. Pero ya es menos conocido que tomemos suplementos para mejorar nuestro rendimiento cognitivo, es decir, que nos ayuden a mejorar la atención y concentración, la capacidad de reacción o la toma de decisiones, para mejorar nuestro rendimiento deportivo.
Día a día, el ritmo de vida que llevamos, el estrés y diversos hábitos poco saludables provocan que nuestra calidad de vida se vaya deteriorando (en una visión algo dramática, pero que no deja de ser cierta). Es por ello que continuamente buscamos cómo y con qué sentirnos mejor. El deporte soluciona una gran parte, pero también nos provoca más agotamiento…
¿Y ahora qué? A parte de querer aumentar el rendimiento, también buscamos encontrar una normalidad, simplemente sentirnos bien a pesar de toda la carga que llevamos a diario. Y la manera más eficaz de hacerlo es a través de favorecer aquellas condiciones que permitan que mi cuerpo se adapte y recupere bien. ¿Los ingredientes? Dormir bien, descansar bien cuando toca, alimentarse bien y saber regular bien las emociones.
Una dieta rica en Omega3 nos debería llevar a este estado natural, en el que se mejoran los procesos de adaptación y recuperación y se facilita una mejor actividad sensorial (Overrey, 2008). Concretamente, los aceites EPA del Omega3 serían los que se encargan más específicamente de esta función de mejora del sistema nervioso central, que permite mejorar el desarrollo de patrones de aprendizaje y de toma de decisiones. Mientras que los DHA tienen más propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras (Galli C. 2009). ¿Suficiente? Yo diría que NO.
“La potencia sin control no sirve de nada”. Me refiero a que es evidente que tratar de recuperar una vida saludable, con un alimentación de verdad y rica en Omega3, es fundamental, pero también lo es la regulación emocional y el buen descanso. Podemos potenciar a través de la nutrición (y suplementación) capacidades psicológicas muy importantes en el día a día y que además influyen en la mejora del rendimiento, pero también y aún más interesante es saber cómo utilizarlas.
Y aquí es donde entra el papel de la psicología, ayudando a canalizar, externalizar y gestionar emociones. Ayudando a descubrir tu potencial y cómo utilizarlo. Desbloqueando y rompiendo creencias que te limitan. Trabajando el autocontrol. Facilitando el aprendizaje de técnicas para focalizar la atención correctamente o de la manera más eficaz, creando un entorno de conocimiento, ensayo y toma de confianza etc.
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