Foto: Deportesevolution.com
Del mismo modo que el estrés puede aumentar la vulnerabilidad a las lesiones, lesionarse es un hecho estresante. Implica dolor, tener que reducir nuestros entrenamientos o actividad diaria, tener que olvidarnos de una competición o reformularnos la temporada, etc. La incertidumbre, la sensación de falta de control, las recaídas o cronificación, provocan reacciones emocionales negativas que además de afectarnos a nosotros, también afectan a nuestro alrededor. Varios motivos que suponen un cambio más allá de lo puramente deportivo, por lo que será necesario abordar el problema desde una perspectiva global y reductora de ansiedad.
Si la lesión no es lo suficientemente grave como para que te obligue a parar, es posible que vayas “tirando”, aguantando el dolor y restándole importancia. Todo menos parar, todo menos perder la pasta que te ha costado esa triatlón y la gloria de terminarla… ¿En algún momento hiciste un balance de coste-beneficios a corto y largo plazo? ¿Realmente te compensa? Quizás sería valiente tomar conciencia de lo que sucede, aceptar, gestionar emociones y reformular la situación.
Los objetivos de la intervención variarán en función de la fase en la que se encuentre la lesión. A grosso modo, si el inicio lo contemplamos en un momento de parón, deberemos trabajar sobre:
– La respuesta emocional. Aceptar, conocer el alcance y tomar conciencia.
– Motivación y autoconfianza. Plantear la rehabilitación como un nuevo reto y buscar áreas de control, por ejemplo creando planes de trabajo y objetivos de recuperación, ampliando el conocimiento y teniendo una perspectiva global de la situación.
– Optimizar el tiempo inactividad. Adaptarse a las nuevas circunstancias y desarrollar planes alternativos.
– Favorecer el tratamiento, por ejemplo mediante técnicas de visualización para la microactivación de la zona imaginada. (enlace art. Visualización). Trabajar la tolerancia y control del dolor, así como saber relajarnos.
– Mejorar habilidades comunicativas. Sí, muy necesario para poder comunicarnos eficazmente con los fisios y saber describir y expresar lo que sentimos.
– Actitud positiva! Tener un autodiálogo positivo y saber darnos auto-instrucciones que nos ayuden a recordarnos dónde dirigir la atención o aliviar situaciones estresantes
En fases más avanzadas, seguirá siendo importante el trabajo de la motivación y autoconfianza, seguir estableciendo objetivos de recuperación y proponer progresivamente nuevos objetivos relacionados con el triatlón así como readaptarse progresivamente al nuevo ritmo y cambio de actividad. En estas fases cobrará un papel fundamental, anticipar posibles problemas y soluciones, trabajar la frustración y el miedo a la recaída.
Tener una mejor o peor recuperación depende de nosotros, por lo que es fundamental aceptar lo que sucede y buscar soluciones. De hecho, según los datos de Wiese et al. (1991) las siguientes características predisponen a una mejor o peor rehabilitación:
| Mejor | Peor |
| – Alta motivación interna – Determinación y dureza mental – Buena disposición a escuchar al fisio – Apoyo social – Alta autoestima – Alta habilidad física – Actitud positiva – Equilibrio emocional | – Actitud negativa – Baja adherencia a la rehabilitación – Ignorar instrucciones del fisio – Falta de motivación – Enfado, miedo, depresión – Bajo apoyo social – Baja autoconfianza – Falta de objetivos bien definidos |
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