THE WOODLANDS, TEXAS - APRIL 18: Taylor Knibb of the United States finishes in second during the 2026 Memorial Hermann IRONMAN Texas North American Championship on April 18, 2026 in The Woodlands, Texas. (Photo by Tim Warner/Getty Images for IRONMAN)
La estadounidense cumple con los pronósticos y con un dominio absoluto de femme fatale logra el tetracampeonato mundial por delante de Julie Derron y Alanis Siffert. Marta Sánchez firma el TOP15.
Taylor Knibb es la nueva reina del Campeonato del Mundo Ironman 70.3 y con ello tetracampeona mundial de la distancia después de una carrera en la que la estadounidense reprodujo uno por uno los argumentos por los que es la mejor del mundo en la especialidad: natación al frente, una killer sobre la bicicleta y una renovada temporización del momentum para no fallar en la carrera a pie.
Pero la de Niza fue mucho más que la confirmación de la norteamericana de que está para luchar por ser la mejor de todos los tiempos en el 70.3, también fue la constatación del poderío del triatlón femenino suizo, con tres de sus mujeres en el TOP10 y dos de ellas en el podio. Y, por último, que la sombra de Kona es alargada, donde se desconoce cuánto se han guardado algunas de las llamadas estrellas, pero Marta Sánchez progresa adecuadamente en su camino a Hawái.
Niza buscaba nueva sirena y en el mar azulado de esa Costa Azul amaneciente la Baie des Anges pronto comprendió que no había autarquía individual sino corte real acompañando a una antigua reina como Taylor Knibb que anhelaba restaurar su monarquía, sabiendo que cualquiera de ellas deseaba darle guillotina.
Un sexteto surgió de esa interesada y ya reducida casi a la mínima expresión entente británico estadounidense en la que Sophie Evans – antes Coldwell – lideró el camino hacia una T1, seguida por la ‘intrusa’ Lena Meissner, Jenna Campbell, Kirsten Kasper, la propia Knibb y una Imogen Simmonds que se resistió a abandonar el grupo sabedora de la importancia que tenía estar ahí. Porque apenas tres eran los segundos que les separaban del grupo en el que se hallaban Marta Sánchez, Alanis Siffert o Caroline Pohle, pero suficientes para marcar territorio. Más respecto al resto de favoritas o candidatas a dar la sorpresa, incluidas Julie Derron, Marjolaine Pierré, Kat Matthews, Paula Findlay y Solveig Løvseth que emergieron juntas del agua a +1’31”, dejando aislada a una Laura Philipp que lo hizo a +3’04”.
Simmonds sabía lo que hacía y su empecinamiento pareció tener premio cuando la Promenade des Anglais le recibía como líder, pero pese a ello y pese a tratar de manejar los primeros movimientos sobre la bicicleta, su acción resultó residual ante una Knibb que vestida de capcioso blanco inmaculado destapaba indisimuladamente sus intenciones de femme fatale tan rápido como la carrera entró hacia el interior y comenzó a ganar altitud.
Todas conocían de antemano la estrategia de la estadounidense y todas, a excepción de una resistente Pierré que ganaba posiciones sin ceder tiempo en exceso en ese patio particular que es el sureste francés para ella, se rindieron impotentes al guion escrito por decreto incluso antes de ascender el Col de Vence, optando por reelegir sus propias batallas en sus grupos secundarios que se fueron formando y moldeando en los que Marta Sánchez se aferraba al TOP10 y Siffert decía adiós a su soledad tras ser cazada por Audrey Merle, Simmonds y Meissner mientras juntas y a tres minutos de la líder esperaban la llegada inminente de Pierré a su altura.
Sin embargo, el puerto por excelencia del día, ese Col de Vence de unos 9,7 km al 6,6 % de media, y rampas que superan el 10–12 % en los momentos más críticos tenía otros planes preparados. No para una Knibb quien con elegancia y en ese escenario de opulencia para quien pudiese apreciarla como ella, exprimió cada kilómetro para beneficio propio y duplicó su colchón para disparar su renta hasta los seis minutos respecto a Siffert, Merlé, Simmonds y Meissner, pero no con una Pierré que, para sorpresa de todos, no tuvo una subida fructífera y quedó relegada a una posición más trasera junto a Findlay, una de las que mejor gestionó ese ascenso.
Ambas rodaban a ocho de Taylor y uno por delante del portentoso cuarteto que conformaron Derron, Philipp, Matthews y Løvseth quienes subían platos y piñones a la vez que hacían cálculos mentales en ese complejo juego de análisis de posibilidades y predicciones en clave carrera a pie. A su espalda, adheridas a ella como una sombra inteligente, Sánchez que encontraba en ellas una rueda caliente a la que, de calcar sus pasos, le llevase a un interesante escenario de cara al medio maratón. Pero todavía quedaba mucho para cambiar las calas, por las zapatillas.
Entre ellos, un descenso técnico en el que Knibb bajó el pistón, aseguró en lugar de arriesgar. De ello se aprovecharon unas Siffert y Simmonds que junto a una Pierré que ahí sí cumplió con las expectativas vieron como su diferencia caía por primera vez por debajo de los seis minutos y apenas rozaba los cinco; mientras que Løvseth si bien volvía a atragantarse como en Marbella con un recorrido sinuoso como este reducía sus pérdidas a unos ocho minutos de igual manera que con algunos segundos más en su cuenta lo hicieron Matthews, Philipp y una Marta Sánchez que fue capaz no solo de no ceder terreno con ellas sino de superar a Derron.
Pero aun restaba un último tramo llano en el que Knibb continuó dejándose ir a la vez que Pierré se convirtió en una mujer con una misión en mente que arrastró inicialmente sin objeción alguna a Simmonds y Siffert para después decirles adiós y colgar las bicicletas con +4’24” de diferencia. Las helvéticas lo hicieron a 5’23” y 5’34” respectivamente antes de que Løvseth y Matthews (+8`) firmase su propio divorcio unilateral con Philipps (+8’34”), Derron (+8’41”) y Sánchez (+8’48”) que cruzó la T2 en decimotercera plaza y un escenario en el que la igualdad sobresalía y nada estaba decidido en los puestos nobles. El preludio introductorio de la masterclass final.
Porque Knibb no quería repetir errores de pasado cercano en los que una bicicleta mayestática se viese en retrospectiva excesiva en la carrera a pie, pero tampoco deseaba que su relajación final sobre las dos ruedas se probase como exceso de confianza tan propio de esas magnéticas femme fatale.
Pero no, Taylor mostró ser una alumna aplicada que había enterrado a base de comprensión táctica el fantasma de Marbella bajo un candado de siete llaves y la suya evidenció ser una performance perfecta dominada por la sangre fría con la que ejecutó cada decisión desde que sonó el disparo inicial y eso se demostró también en una T2 en la que fue mucho más rápida que sus perseguidoras. A partir de ahí, ajustició sin concesión a golpe de pisada y ritmo a aquellas que por unos instantes soñaron con una remontada para cruzar la meta antes que nadie en un tiempo de (4:19:24).
La primera una Pierré que antes del paso por el ecuador del medio maratón comenzó a pagar su osadía ciclista, era su bala, y caía a la tercera plaza provisional después de ser superada por Siffert. El primer movimiento de un grupo perseguidor gobernado por una igualdad de la que se desentendió una Julie Derron (4:23:30) encendida a la que solo el castigo infringido preventiva y acertadamente por Knibb en la natación y en el ciclismo le privó de pelear por el oro. Ese al que no renunció ni siquiera cuando se colocó segunda a falta de la segunda mitad de la carrera a pie y del que le separaban seis minutos, pero los +8’41” con los que partió a correr fueron demasiados incluso para la subcampeona olímpica y desde hoy mundial Ironman 70.3.
Por detrás, el poderío suizo iba a brillar con el bronce de una Alanis Siffert (4:25:10) que pese a no ser a priori la mejor atleta soltó a otras con mayor pedigrí y posteriormente resistió los avances de Solveig Løvseth (4:25:50) para firmar su primer podio mundial.
Por su parte, Marta Sánchez logró tener un rendimiento estable en el medio maratón y finalizó su participación en el TOP15 (4:34:53)
Taylor Knibb no pidió permiso; avanzó con la seguridad de alguien que tenía una cuenta pendiente consigo misma y conquistó a base de cabeza y golpe de pedal para dejar su huella en la historia del triatlón, esa que ya cuenta que la estadounidense es la segunda mujer con más títulos en Ironman 70.3 por detrás de Daniela Ryf, la persona que hoy narraba el tetracampeonato de la norteamericana y veía como esta se quedaba a uno de los cinco suyos, el último, casualidades de la vida, en Niza.
Porque hoy Taylor Knibb actuó como una femme fatale, cerebral hasta el punto de no desatar su euforia hasta la meta, pero a diferencia del arquetipo esa melena cobriza que algunos llamarían diablesca no perdió la partida en el último momento, la ganó de principio a final.
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