KAILUA KONA, HAWAII - OCTOBER 10: Vincent Luis #24 of France celebrates after winning the Men's 2026 IRONMAN World Championship on October 10, 2026 in Kailua Kona, Hawaii. (Photo by Sean M. Haffey/Getty Images for IRONMAN)
Historia de cuento de hadas la del francés quien libró una carrera perfecta táctica y físicamente para alzarse con el oro, el día que Ugarte y Montraveta brillan en Kona.
Vicent Luis ha hecho historia del triatlón al conquistar el gran éxito de su vida deportiva en la jornada que muy presumiblemente iba a ser su primera y última participación en Kona tras anunciar su retiro al final de la temporada 2026.
“Escribe el libro que te mueres por leer.” dijo una vez Toni Morrison y el hombre que una vez soñó con ganar el oro olímpico y no pudo ser firma el cierre perfecto a una vida dedicada al triatlón allá donde menos lo esperaba.
La felicidad de un triatleta tras una carera que no volvió a decepcionar y en la que Kona volvió a ser más Kona que nunca para ofrecer innumerables giros de guion y un doble debut de los nuestros por todo lo alto con Mikel Ugarte decimotercero y Jordi Montraveta decimoctavo. Antonio Benito, la cruz.
«La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene» escribió Jorge Luis Borges y buscando la muerte habiendo vivido como si fueran a morir en ocho horas se lanzaron al agua unos triatletas divididos entre los hombres del ‘grupo de whatsapp’ y aquellos excluidos de tal selecto club.
Un escuadrón que haciendo bueno esa fama que les precede instauró mediante Jonas Schomburg, Marten Van Riel, Jamie Riddle, Pierré Le Corre, Sam Laidlow, Menno Koolhaas – quien acabó saliendo primero – tan veloz como el sonido del disparo un punto de flecha tan afilada que en menos de un kilómetro era tan delgada y alargada como una línea discontinúa en la que muchos ya sufrían sus consecuencias, pero sin ahogar a casi ninguno de los favoritos.
Porque ahí, aferrados a esos pies como si de un tentáculo de pulpo se tratase, Antonio Benito se encaramó a la sexta posición y Patrick Lange hizo lo propio para salir undécimo. Casi mismo magnetismo consiguió Kristian Blummenfelt, quien apenas perdió una decena de segundos con la cola del grupo. Gran respuesta del ‘Toro’ que fue el mejor de la dupla noruega frente a un Gustav Iden que cedió +1’52” con la cabeza en una línea similar a lo que concedieron Rudy von Berg (+1’55”) y Magnus Ditlev 2’01”). Y ahí justo detrás del danés, emergió el ‘rookie’ Mikel Ugarte (+2’`23”), gigante en el mar.
Como se esperaba, más aguardó el aparecer de figuras como Daniel Baekkegard (+5’38”) Sam Long (+6’40”) con Cameron Wurf casi a su lado y un Jordi Montraveta que consumó su bautizó en Hawái a +10’40”.
La alianza del móvil se trasladó a las dos ruedas y tan rápido se subieron a la bicicleta, el asfalto se convirtió en el escenario del ‘fast & furious’ que quisieron protagonizar Koolhaas, Van Riel, Schomburg y Laidlow, a quien ni el tiempo perdido en la T1 le pasó factura. Fueron ellos cuatro, sumado de un Matthew Marquardt que más bien polizón en medio de esa ristra de favoritos, los encargados de seleccionar la carrera.
Sin embargo, como si tuviera ganas de quemar rueda, el alemán fue el primero en lanzar una ofensiva individual y sin respuesta alguna, se marchó en solitario a partir del kilómetro 20. Un movimiento, aparentemente inofensivo, que en el primer cuarto ciclista se hubo transformado en +1’40” sobre su grupo original, un entonces cuarteto que estaba apunto de ser fagocitado por Gregory Barnaby, Vincent Luis y Benito que se veían en esa situación de ‘tan cerca y tan lejos’. Quizá conservadores, tal y como dijo el ‘Melón’ que iba a ser si la ocasión y los que lo rodeaban lo ameritaba.
Todo lo contrario de un Iden encendido que recuperó parte de lo perdido en el agua y tocaba a la puerta de los dos minutos, emparejándose con un y Riddle ‘traicionado’ por los calambres que parecía ser el primero en ‘pagar’ su estreno en Kona. En cambio, Blummenfelt parecía adoptar idéntica postura que Benito, pero superando los tres minutos.
En Niza confesó haber pecado de precavido, la pregunta que en esos momentos oteaba sobre las carreteras kanakas maolís era si volvía a caer en el mismo error o esta vez su estrategia tenía razón de ser. Una respuesta a la que todavía le quedaban horas para conocer la respuesta.
Lo inmediato tenía nombre de leyenda, de historia con final inmerecido, de un Patrick Lange que en la intersección de la Queen K, ponía pie a tierra. Tan injusto como mundano, en un deporte donde ni sus dioses están exentos de vivir un cruel desenlace. Y quizá porque el teutón no deseaba un ‘last dance’ negro, sin meta, optó por olvidarse de cualquier aspiración, incluso de ese disfrutar que se había planteado, para sufrir, pero seguir adelante camino de ese viaje final que la isla le debía, que él mismo se debía, aunque fuese con todo en contra, excepto el favor del mundo del triatlón. Pero ni eso pudo tener. La ‘banca’ ganó y el alemán no terminó.
Delante, Schomburg pedaleaba sin música, pero si esta estuviese permitida, su exhibición en ese primer 90K probablemente estaría amenizada por ese ‘Highway to hell’. Porque pese a que las colaboraciones se sucedieron por detrás, el alemán mantuvo su renta ante un pelotón cada vez más agrandado que en ese instante cerraba Blummenfelt y cuyo impulso llegaba desde las piernas de un Ditlev que en silencio, pero eficientemente se había colado en las posiciones punteras y de cuya disciplina se salía Marquardt para buscar la aventura en solitario.
Pero Kona, tan pronto estás en el cielo, como en el infierno y este cayó sobre Jonas tan rápido y tan fuerte como un rayo mortal al que ʻAumākua’ le llevó por una abrupta y agónica cesión de posiciones perseguido por los problemas musculares. Alemania parecía haber enfadado al misticismo hawaiano y si primero en caer fue el veterano, el segundo era uno de sus herederos.
La carrera había dado su primer gran vuelco, pero no el último, ni siquiera el penúltimo. El siguiente no tardó en llegar para cambiar de nuevo la dinámica instaurada. El trío de Barnaby, Ditlev y Marquardt duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky “on the rocks”, o lo que tardaron los jueces en mostrar una tarjeta amarilla al estadounidense. El futuro médico, caía preso del impulso y el error tonto, y tras ello se vio en tierra de nadie detrás del grupo tercer grupo perseguidor formado por Blummenfelt, Iden y Van Riel – el segundo a un minuto del líder llevaba sello galo con Laidlow y Luis – y justo por delante del grupo en el que rodaba Benito en el TOP10.
Y como no hay dos sin tres, lo que parecía haberse convertido en la piedra de toque con la que Ditlev se hubo decidido a ir al frente y apostar por llegar a la T2 en solitario, huyendo de un Laidlow creciente encaramado en la segunda posición, quedó en stand by cuando problemas con la presión de su rueda hicieron dudar de su continuidad o convertir los últimos kilómetros en una supervivencia anticipada.
Un susto para llevar al límite al nórdico, pero no derrotarlo, sino darle una última bocanada de aire antes de colgar la bici y afrontar un maratón en el que sus rivales iban a opositar fuerte porque Laidlow llegó a +1’30” que lo ponía en posición de privilegio, pero el TOP10 lo cerró a +91’9” un Sam Long que protagonizó una remontada antológica. Entre ese segundo puesto y el noveno, Blummenfelt e Iden, quien en dinámicas opuestas, el primero arrancó a correr con +6’ por recuperar – similar para Van Riel – y el segundo +9’19” y Marquardt ‘renacido’, tercero.
Antonio Benito lo hizo en decimotercera posición a +10’47”, Mikel Ugarte (+15`40”) oteaba realísticamente el TOP20 tras bajarse vigésimo segundo y Jordi Montraveta (+19’54”) el TOP30 tras completar dos tercios del trabajo en vigésimo novena plaza.
LA
Nada estaba decidido y el asfalto y la climatología hawaiana lo hizo saber tan pronto como comenzaron a correr. En esa especie de ’Diez negritos’ en la que se transforma Kona cada edición, Laidlow fue la siguiente víctima. Apenas se contaban por metros la distancia recorrida cuando el galo se vio acuciado por el calor, obligándole a parar, cubrirse de hielo y tratar de continuar. Un intento baldío, la carrera ya tenía su siguiente DNF. Kona volvía a erigirse en la bestia negra del francés.
Por eso, cuando Ditlev repitió la misma acción se contuvo el aliento ante un posible desfallecimiento del líder, pero no, mera casualidad antes de convertir el maratón en un duelo nórdico a tres: el propio Magnus, Blummenfelt e Iden que pronto se descubrieron como los corredores más veloces.
Entre ellos, el resto de rivales parecieron formar parte de un diseño inmaculado preparado para servir como figuras de cálculo y alcance para los noruegos. Meros obstáculos con los que engrandecer una remontada cada vez más plausible del ‘Toro’ y un podio cada vez más tangible de Gustav que, sin embargo, pendió de un hilo casi automático cuando fue sancionado con tres minutos.
Pero Hawái siempre tiene reservado un lugar para la revelación, en esta ocasión, personificada en Vincent Luis que, quizá eufórico, quizá desenfrenado, quizá lanzado a lo desconocido de esa osadía típica del novato más embravecido, aceptó sin ser pedido el reto de liderar el paso y persecución de Ditlev.
Aparentemente, el momentáneo sparring con el que Blummenfelt pudiera repartir el esfuerzo de la caza antes de volver a cambiar de ritmo o hacer que el ya existente cobrase sus rentas. Realmente, el tipo que puso punto y final a los intentos del ‘toro’. Porque sí, camino del ‘muro’ del 30K ‘Blu’ parecía haber sacado la bandera blanca para con el francés y para con el resto, y desde ese entonces la suya se erigió en una prueba de resistencia para contra su cuerpo, para terminar la carrera.
La misma que metros después iba a comenzar el mismísimo Ditlev ya que el danés también topó con ese mítico ‘muro’. Detenerse, echar mano de tu el armamento de geles, líquido y azucares disponibles de forma repetida se convirtió en la imagen que unida a la de ‘Blu’ y a la de un Luis impasible y un Iden enardecido, resucitado y en cuyas manos podía estar una victoria heroica dio un giro de 180º al Mundial Ironman masculino. Porque el líder había caído y esa historia no necesitaba de la mente de Agatha Cristie, sino de los ingredientes de un escenario como el de Kona para matar sin asesinar. Y la isla lo había hecho de nuevo a falta de ocho kilómetros.
Vicent Luis estaba ante la oportunidad de su vida, a la primera, en su debut como un año antes había hecho Casper Stornes en Niza y Solveig Lovseth en la misma meta que él estaba a punto de pisar; Iden ante una ocasión única con la que volver a ser el rey del mundo y, de repente, la puerta del podio se abría de par en par a un Barnaby y un Marquardt que corrían separados por apenas segundos.
Una cuenta atrás en la que todo el mundo contuvo el aliento esperando un sprint final que nunca llegó porque Vincent Luis (7:47:27) contemporizó como nadie la presión, la ansiedad ante un hito al alcance de muy pocos y la emoción, una que no dejó ir hasta cruzar la meta sin fallo alguno. El francés que solo había disputado dos larga distancia hasta esta madrugada es el nuevo y merecido campeón del mundo Ironman. Kona tiene nuevo monarca y la historia del triatlón escribe un nuevo nombre en su palmarés. ¿Regresará? Esa es ahora la cuestión porque había anunciado su retirada para finales de 2026.
Tras él cruzó la meta Gustav Iden (7:49:03) y como el noruego levantándose tras ser sancionado se colgó el bronce Matthew Marquardt (7:49:59), al que no pudo inquietar Gregory Barnaby que con su medalla de chocolate cosecha el mejor resultado histórico italiano.
Y mientras unos peleaban y penaban por la gloria, la situación se repitió en la parte trasera. Antonio Benito convivió con el desencanto, ese que progresivamente le alejó del TOP10 para luchar por mantenerse dentro del TOP20 y finalmente plegarse ante lo inevitable, una trigésimo novena plaza todavía de causas desconocidas.
En cambio, Mikel Ugarte (8:04:04) gozó de la cara amable de una territorio ignoto para él y ese chaval de Oñati que años atrás veía como Eneko Llanos llevaba a Euskal Herria a cotas insospechadas, tomaba el relevo para plantarse con un rendimiento que sobrepasó hasta sus mejores previsiones en una decimotercera posición de oro. Para él quedará la décima mejor maratón del día en Kona (2:45:30) y su coqueteo con el Sub’8 en la ‘Meca’.
Cinco puestos más abajo, en otro escenario de menos a más, Jordi Montraveta (8:11;52) certificó una decimoctava plaza con la que ponía la guinda del pastel a una temporada casi redonda y con la que en un recorrido más adverso a sus condiciones y fortalezas como deportista incluso mejora su resultado en Niza (22º) de hace un año.
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