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Muchas veces dudamos en gastarnos miles de euros por rebajar 100gr de un conjunto de menos de 7 kilos, cuando en los inicios del Tour de Francia se llegaba a triplicar este peso

En 2023, el Tour de Francia cumplirá 120 años. Y es que el 19 de julio de aquél año, Maurice Garin, pedalearía durante 2.428km repartidos entre 6 etapas, encima de un modelo de la marca «La Française» (que posteriormente, se apodaría La Française Diamant). Garin pertenecía al equipo esponsorizado por la misma Française, que podía permitirse los mejores lujos del momento.

18 kilazos de acero –sin marchas, evidentemente– con la que había que lidiar con todo tipo de terrenos, que no tenían nada que ver con el fino rodar del asfalto actual. Además, los frenos aún no se habían instaurado, por lo que el riesgo de caída en caso de piso mojado o embarrado, se multiplicaba. La única manera de detener la máquina era haciendo ‘contrapedal’ al estilo fixie.

En cuanto a la relación de plato-piñón, se acostumbraba a montar un 56×20, que permitía a los corredores rodar de manera bastante ágil por las zonas llanas –la mayoría serían catalogadas como gravel hoy en día– y arreglárselas como fuese posible en repechos o subidas. Cuestión de fuerza.

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A todo ello, hay que sumar las nulas nociones en biomecánica del momento. Y más allá del montaje y componentes, lo más impactante de todo era ver como los ciclistas eran capaces de recorrer más de 400km en cada etapa, en esa posición. Nada que ver con la comodidad y ergonomía de los manillares actuales.

Aún así, Garin fue capaz de sacar una media superior a los 25,6 km/h de media. Nada envidiable teniendo en cuenta que se contabilizan las múltiples paradas por pinchazos, averías y miscelánea, en el crono final.

Desafortunadamente, parece ser que no se ha logrado conservar la pieza original, por lo que la bici que se expone en el museo, se trata de una réplica.

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