Publicidad

Vicente Hernández sigue mostrando su gran estado de forma y transmite que el 2024 puede ser un gran año para él

Hay triunfos que esconden meses de preparación y hay victorias sin medalla ni copa como la undécima posición en el Campeonato de España de Campo a Través de Vicente Hernández que exudan lecciones de vida y profesionalidad.

AQUEL MALDITO DÍA DE JUNIO


Unas que él comenzó a impartir sin imaginárselo aquel 29 de junio de 2019 cuando tuvo que retirarse de las Series Mundiales de Montreal a consecuencia de las molestias que venía sintiendo en la rodilla desde hacía semanas. Un simple abandono que parecía puntual y necesario para afrontar el resto de la temporada, desconocedor del calvario en el que ya se encontraba inmerso. El que se resume, parafraseándolo; en muchas fases, diagnósticos inciertos, una cirugía, infinidad de recaídas y muchas vueltas a comenzar donde lo peor fue no tener certezas en muchas ocasiones, gestionar la importancia, el dolor, la motivación y los altibajos.

Publicidad

LA CONVIVENCIA CON UNO MISMO Y LA PUERTA ABIERTA


Altibajos que no solo eran físicos sino también anímicos y que con tanta crudeza reveló con esta reflexión tan real como lapidaria en noviembre de 2023 Durante este tiempo, he estado entrenando como si siguiera siendo profesional (de hecho, me siento profesional por mi dedicación), pero adaptándome a las circunstancias y momentos de la lesión. Su uso del subjuntivo dejaba expuesto una especie de síndrome del impostor que, basándose en sus acciones, un entrenamiento diario solo que sin el foco de la gente y con la dureza de no tener una carrera a la vista, era desmentido por él mismo y por la RAE. Porque la Academia define al profesional como “Dicho de una persona: Que ejerce una profesión (con capacidad y aplicación relevantes)” y también como “Dicho de una persona: Que practica habitualmente una actividad de la cual vive”. Y el canario cumplía ambas con esmero. Porque en ese viaje sin mapa trazado, él mantuvo la perseverancia, la confianza y la fe de que llegaría a su destino: cruzar una meta de nuevo. Reflejo y ejemplo de otros muchos en idéntica situación, aunque distinta profesión. Y en mitad de esa ruta indeseada, enfrascado en el aprendizaje de los límites de su cuerpo y de su mente, llamó a la puerta esa vertiente personal hasta entonces relegada que en ese instante reclamaba su tiempo y dedicación para primero; graduarse en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, completar un Master en Educación y cursar los estudios como entrenador de triatlón para larga distancia de Endure IQ, y después ejercer como preparador de otros. Algo que le insufló ilusión al triatleta e iluminó su senda mientras “caminaba por la sombrita”.

EL REGRESO ANSIADO Y PROGRESIVO


Pero para bien o para mal todo tiene su punto y final y la travesía de Vicente Hernández terminó (relativamente) cuando el muro entre su rodilla y el deporte de élite caía después de casi 1600 días en la Copa Continental de África en Agadir. Dicen que el día de tu estreno nunca se olvida, pero el de un redebut seguro que tampoco. Hernández había tenido que reprimir durante casi un lustro las ganas tremendas de sentir la adrenalina de la competición y como él mismo confesaba en Instagram merecía poder llegar a una línea de salida de nuevo y es lo que voy hacer (…) Voy a disfrutar de la competición, entera o parte de ella, ya veré (…) Sé que me dará energía y motivos para seguir trabajando (…) Así que, por fin, puedo decir que vuelvo a estar inscrito en un triatlón”. Y vaya si lo hizo con creces, un TOP10 en distancia olímpica (1:48:44 y un 10K en 32:22) que si fuese por las sensaciones podía borrarse el cero trasero. La mecha se había prendido y la rodilla volvió a responder en la San Silvestre Lagunera donde fue segundo a ritmo de 2’55, y luego, con el nuevo año, también en el Campeonato Canario de Campo a Través donde después de tanto tiempo volvía a probar las mieles del triunfo a 2’59” minutos el kilómetro. La tierra que una vez le vio nacer y que después le había acunado cuando la marea bajó, presenciaba su resurgir.

LA CONFIRMACIÓN EN GETAFE


Vicente una vez escribió que hay caminos rectos y caminos que no, la casualidad quiso que la confirmación definitiva de que su regreso progresa sin traspiés, llegase en un Campeonato Nacional de Campo a Través caracterizado por las duras cuestas en las que los atletas, tal y como describió Irene Sánchez-Escribano, no dejaban de subir y bajar sin respiro con obstáculos incluidos. Tan metafórico como la montaña rusa en la que se hubo convertido la vida del tinerfeño durante más de cuatro años.

Por si no fuera poco, el azar siempre caprichoso hizo que en esos 10.110 metros, cubiertos en 31:32 a ritmo de 3’07”, estuviese acompañado por un Mario Mola quien junto a Fernando Alarza, Antonio Serrat y Javier Gómez Noya vivieron el inicio de su pesadilla en Quebec. Y ahora, el balear con su Menudo carrerón, ¡felicidades niño! y el Capitán con su De las mayores animaladas que he visto en mucho tiempo, plasman en las redes el sentir y alegría unánime de la comunidad triatleta.

Porque durante este periodo contable pero eterno, en el que por el camino ha tenido que convertirse en alumno y mentor mientras crecía personalmente, “Chente” siempre ha sido un profesional en todas las acepciones de la palabra al que en este momento por fin le llega la labrada recompensa de volver a sentirse lo que nunca dejó de ser. Un atleta profesional.

Publicidad