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La planificación y la selección de las metas y objetivos de la temporada es una parte clave en el desarrollo de cualquier atleta, popular o élite, que buscan su mejor versión en un día X en el que sacar a relucir todo el trabajo en la sombra

Para hacer no morir en el intento de planificar un triatlón de larga distancia, un half o otro gran reto de forma segura, tu cuerpo necesita más de tres años de entrenamiento de resistencia, que pueden incluir maratones, deportes de alta intensidad y deportes de fondo. Gran parte de este proceso se desarrollará en largos inviernos en los que variar la rutina

La fase más larga del planning es siempre la base y su fase más corta es el ciclo de puesta a punto. Si te pierdes la primera, que generalmente se lleva a cabo durante el invierno y principios de la primavera, podría caer en enfermedades, lesiones o en un lastre mental que te quemará. Saltarte pasos nunca es buena, y más vale acumular unos días de base y fondo y empezar más tarde, que colgar el cartel de fin de temporada al cabo de dos meses

Debes vigilar de cerca el agotamiento mental, ya que a los triatletas no nos gusta admitir que estamos perdiendo la motivación. En este caso, debes introducir otro ejercicio para refrescar tu rutina hasta que estés desesperado por reanudar tu carga normal.

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Un plan de 12 meses básico puede consistir en: Tres semanas de descanso completo; Base de 23 semanas; Acumulación de 14 semanas, para acabar con 10 semanas específicas y progresivas en volumen y intensidad; Luego dos semanas de tappering. Sin olvidar nunca el trabajo de fuerza, imprescindible.

La guinda del pastel es ser consistente en las 10 semanas previas a la gran prueba, donde tocaremos ritmos de competición en fatiga y con mucha carga en el cuerpo, que nos darán un feedback real sobre cómo estamos y cómo podemos rendir en nuestro gran objetivo

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